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martes, 10 de septiembre de 2013

El Éter

Por circunstancias que no vienen al caso dediqué varios años de mi vida a estudiar Ciencias Físicas.
No fue la peor etapa de mi vida, pero la mejor tampoco. En lo académico ni hablamos. El caso es que entre las mil cosas carentes de prácica cotidiana que aprendí, me encontré de vez en cuando con algún concepto gracioso, con alguna cualidad original de eso que a la raza humana le ha dado por interpretar como "realidad", que es esa cosa que creemos percibir reflejada como sombras que el fuego proyecta en la pared de la.... y bla, bla, bla.
Una de esas cosas fue el éter.
El éter había que inventarlo y se lo inventaron. Hace mucho tiempo, cierto, pero es que el concepto lo mantuvimos en boga hasta bien entrado el siglo XIX. Se trata de una hipotética sustancia, un fluido, que lo ocupa todo, bueno, todo..., especialmente aquellos espacios que no los llena nada. Como el espacio que queda entre los planetas, por ejemplo (La inmensidad del espacio, un infinito poblado de estrellas y de éter, que decía Faulkner). Luego, imagino, se inventaron "la nada" basándose en el mismo principio (que a las cosas que desconocemos hay que buscarles alguna explicación basada en cosas que conocemos, sea ésta un carro que atraviesa el cielo tirado por caballos voladores o cualquier otro cuento a mano). El éter, que es el caso, afectaba e interactuaba con las cosas que en él flotaban como aceitunas en salmuera. Hasta se pretendía demostrar que la luz presentaba una velocidad diferente al atravesarla que en el vacío.

Pues bien. El convencionalismo actual dice que el éter, sí señores, tras años de vigencia, no existe. Como lo del purgatorio, que ahora ya no controlo si existe, si no existe, si vamos, si expulsaron de allí a las ánimas que estaban al declarar su inexistencia... divago. Decía que el éter, así, en los salones de té de las universidades americanas, no existe. Pero, qué conveniente es en ocasiones ser un completo falsario, yo creo que sí existe. En mi caso rodea al indie español y me impide verlo en su estado natural. La velocidad del sonido se altera al atravesarlo y me llega distorsionada, pero distorsionada en plan chungo. No encuentro otra explicación a que no me entre a mi la misma mística elevación que a algunos de mis congéneres ante su escucha. Por qué no presento las mismas llagas purificadoras fruto del éxtasis de su observación. Hay casos y casos, como en todo, pero así, en general, acabo afrontando la escucha de ciertas galletas con un grisáceo agnosticismo que mata.

El sujeto, hace unas semanas, fue Julio de la Rosa y su trabajo La Herida Universal.
No sé yo (que dice el autor en La fecha en la tapa) si es culpa mia o del éter, pero no. Yo estiro el brazo a ver si llego, pero tampoco. No le ayudan dos referentes que me aparecen durante su escucha como los maniquíes pintureros del tren del infierno en la feria, a saber: Señor Chinarro y Nacho Vegas (cuando antes hablaba de excepciones hacía referencia, entre otros, a estos dos).
Por que Luque y Vegas sí, pero de la Rosa no. Primero, y fundamental, porque no me divertí en la escucha (escuché el álbum nueve veces en cuatro días) y segundo porque no me aportó nada nuevo. Ya había oído esas canciones en algún sitio antes. Creo que ya lo he mencionado alguna vez al hablar de una parte del indie español, no comprendo la necesidad de ser tan original mediante un concienzudo empeño en serlo. Por eso me chirría ese acento andaluz (esa ese aspirada al final de "mires") con que pronuncia la primera (y recurrente) frase de No me mires con los ojos, cuando no lo vuelve a utilizar en el resto de los temas.
Y no es que instrumentalmente eche nada en falta. Al contrario. Si es que encima está de puta madre. Suena bien. Incluso no me sobrevino esta vez esa sensación de que sobra este sonido, de que la producción es como la ruleta rusa, si das una vuelta más de lo necesario liquidas el tema. Podría ponerme ridículo y decir que no veo un álbum sino una colección de canciones, que no me encajan los temas más intimistas con esos arrebatos melódicos que le entran de golpe al amigo, pero tendría que haber bebido algo para eso, soy de fácil verguenza.

Sin embargo, con todo, no evito la sensación de que algo se me escapa.
Como es el primer trabajo del jerezano en solitario que me enchufo, seguiré esperando mi momento Michelson-Morley, ese en el que me quede claro que el éter no fue un convencionalismo adecuado y que posiblemente no existe nada entre mi oído interno y estos artistas. Entonces, solo entonces, aparecerá ante mi esa verdad que se me escapa: la irresistible atracción de esta música.

Que poco que he hablado de música hoy - dijo mientras su sombra se desvanecía sobre la acera, teletransportada a otra ciudad, engullida por el éter.

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 21 de abril de 2013

Un tipo con bigote y un productor negro.

Esta semana pasada abrí uno de mis regalos de Reyes. Puede que sea de los últimos que está haciendo esto. Ya sé que es abril y que este paso debiera de haberlo dado antes, pero es que es peor, me quedan aún otros dos regalos por abrir... y los dos de los mismos autores que traigo hoy al blog. Poco a poco.

La galleta en cuestión se llama Freak Out! y fue pergeñada por un grupo llamado The Mothers Of Invention. Como es uno de los discos... como diría... "fundamentales" de la música popular moderna (no tanto en cuanto a contenido sino en cuanto a trascendencia), estoy convencido de que muchos de ustedes sabrán perfectamente de quien estoy hablando. Pero esos "muchos de ustedes" escriben unos blogs maravillosos que leo siempre que tengo ocasión. Yo, falsario donde los haya, me limito a trazar con tiza las líneas de salida de los caminos. Por eso encontraría natural que del nombre arriba mencionado, no se destile un segundo nombre, más conocido al menos fonéticamente (que lo de la música es otro cantar). Hablo de Frank Zappa.
Pues nada, hablemos un poquito de Frank Zappa y de este disco.


Lo primero que conocí de Zappa fueron sus iconoclastas retratos. En varios bares de esos que frecuentaba cuando no tenía responsabilidades vinculadas con mi sustento, había fotos de este sujeto sosteniendo un guante que hacía que su mano asemejase un apéndice extraterrestre, o mirando de frente al objetivo con dos coletas agarradas a los lados de su pelo revuelto, o sentado en un retrete como sorprendido por una entrada inoportuna. "Zappa es un cachondo". Poco más podía deducir yo de todo aquello. Y sí que lo era, sí, pero también era más cosas que un mero cachondo. Fue una persona inquieta, en mi percepción alguien incómodo con su propia existencia. Y volcó esto, entre otras cosas, en sus músicas.
No es éste el post en el que hablar de la vida de Zappa, pero si os adentráis un poco en ella, creo que encontrareis que no creció precisamente el de Baltimore en el más aconsejable de los entornos dada la ya de por si enmarañada percepción de la realidad del joven.

Volvamos al disco.
Zappa conoce a un tipo llamado Ray Collins, el cual tiene un grupo donde interpretan versiones de doo-wop principalmente (The Soul Giants). Tras un altercado con el guitarristra de la banda, se le ofrece elpuesto a Zappa y este acepta. Y aquí comienza el influjo de Zappa, su inconformismo y su espinosa personalidad a hacer de las suyas. No tarda en convencerles de que deben de abandonar hacer versiones y centrarse en sus propios trabajos. Así comienzan a componer sus propios temas. Consigue un representante y comienzan a moverse por el circuito de garitos de Los Ángeles. Su nombre comienza poco a poco a sonar y un trabajador de MGM les propone un contrato en una subsidiaria (Verve) para parir un primer disco. En otras circunstancias, con otro personaje, el nombre de este productor podría obviarse. Me temo que sería un grave error pasar de largo la oportunidad de nombrarle. Este individuo se llamaba Tom Wilson, y, aunque otro día hablemos más de él, creo que tres líneas para enmarcarle vendrían al pelo.

Tom Wilson fue productor musical durante las gloriosas décadas de los 60s y los 70s. Trabajó para Columbia y para MGM (Verve). Como es posible que el nombre no diga mucho, apuntemos simplemente que le debemos sonidos de Bob Dylan (Like a Rolling Stone incluida), Simon and Garfunkel (The Sounds Of Silence incluida), The Velvet Underground (Sunday Morning incluida) y, por supuesto, The Mothers of Invention. Creo que los nombres hablan por sí solos. Otro día comentamos más de él.

El caso es que no parece claro que la influencia de Wilson en esta galleta fuera determinante a nivel de sonido. Más parece que fue el propio Zappa el que destiló los temas y definió las pautas durante la grabación mientras que Wilson ayudó a dar el empaque profesional y el marco comercial para ello.

Un disco, éste, con unas características fuera de lo normal. Para empezar fue un disco doble (lo que estaba completamente fuera del estándar por aquellos días. De hecho sólo unas semanas antes había salido al mercado el primer disco en ese formato y para este tipo de música, el sublime Blonde on Blonde del bardo de Minnesota). Pero, y para continuar, lo más destacado es la libertad que el grupo tuvo para hacer lo que hizo. No podemos olvidar que se trata del primer trabajo del grupo. Aún así, el segundo disco (la parte final en el CD que me regalaron por Reyes) es de un nivel experimental que tira de espaldas (hablamos de 1966). The Return Of The Son Of Monster Magnet es un corte para sentarse y escuchar. No sirve para bailar. No sirve para tararear. No sirve para anunciar nada. Hay que oírlo e interrogarse. Lo que cada cual prefiera. "¿Qué hago aquí perdiendo el tiempo?" también está permitido. Y eso que Zappa aseguró que lo que se presentó en la galleta no era el tema que tenía en mente sino la base sobre la que pensaba trabajarlo. Una base que le debió parecer a las cabezas pensantes de Verve suficientemente arriesgada ya como para rematarla con más capas de insurgencia.

Pero la primera parte del trabajo no tiene nada que ver con esta huida hacia alante. De hecho muchos de estos temas me sorprendieron por lo ortodoxa de la propuesta. Justo en ese punto intermedio donde no puedes acabar de creer que el producto no pretenda esconder una fina ironía acerca de la propia capacidad del oyente para aceptar lo inmediato. Esto me pasa con Lennon de vez en cuando también. Pero es una sensación que acepto. Incluso, se me ocurre, podría algún día traer temas que me despiertan justamente eso.

Pero me está quedando muy largo esto hoy. El disco lo merece. Paro aquí aunque, como dije, pasará Zappa más veces por estas líneas. De momento dos más seguro. Esos dos CDs aún envueltos en su celofán que me esperan en la estantería. No desvelo sus nombres.

Os dejo con el corte que hizo a Wilson acercarse a éstos. Creo que no sabía, en aquel momento, donde se estaba metiendo.

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 14 de abril de 2013

Banda sonora de carretera

Un amigo de mi mujer no paró de repetirle que debía de escuchar a los Kings of Leon. Que eran de lo mejor. Y le pasó varios de sus discos. Ella los llevaba en el coche y yo iba haciendo de las mias sin urgencia ninguna por acercarme a éstos.
Finalmente caí en la tentación y me traje un trabajo de estos hijos (los Followill) de pastor de la iglesia pentecostal que parieron, con el cambio de milenio, un combo de rock con raíces sureñas y aspiraciones a sonidos épicos.

A veces empiezo por el principio y a veces comienzo por el final, aunque sea, como es el caso, por mero azar. De los discos que le grabaron a mi mujer, éste era el primero que había en el pen. Se llama Come Around Sundown y es una galleta del 2010 repleta de sonidos que tienden a la expansión mental, al ladeo de cabeza, al atardecer veraniego y el pasar de olivos más allá de la ventana del coche en cuarta por carreteras nacionales de interior.

Siendo lo mejor que me he echado a los oídos esta semana un vídeo que cacé en el Facebook de Alejandro Escobedo, me cuesta, ciertamente, venir a hablar de este disco este domingo por la mañana. El pasado lunes, durante su primera escucha, se me vino por segundos David Grey a la cabeza. Luego fui circulando de unos lugares comunes a otros (entre ellos Band of Horses) antes de empezar a leer algo sobre los autores de los temas.  Tiene gracia que entre uno en Spotify y aparezcan los mencionados como Artistas similares en las recomendaciones. Lo digo porque menciona a otros artistas similares donde las coincidencias me brillan por su ausencia. Será que me baso en este trabajo exclusivamente y los de Tennesse tienen tendencias menos producidas en anteriores trabajos.
Y ya que menciono la producción me meto en el charco. Para mi gusto pelín pasada de vueltas. Busco el nombre del artista y me encuentro con Brad Bivens, y me cuadra que se ponga a los mandos de la mesa en el último trabajo de Dawes (que me parecen más cercanos a los KOL que algunas de las similitudes reflejadas en el Spoty).

En total, un disco que me deja algo tibio y que no sé muy bien cuándo me puede encajar. Creo que me olvidaré de sus temas. Tan redondos, tan trabajados, pero que me aportan más bien poco. No lo quiero para el vermut y me temo que tampoco para el café. Lo dejaré, como decía, para acompañar a los olivos en esos largos viajes peninsulares que me meto entre pecho y espalda a veces. Quizás sea la mejor opción. Banda sonora de carretera. No está nada mal, bien mirado, como destino de recreo de un rey.

Cosas buenas a tod@s.




domingo, 7 de abril de 2013

Enormes cifras tibias

Seré directo. Esta semana estuve escuchando el largo con que arrancaron su meteórica carrera Artic Monkeys y me dejó tibio como una cerveza que se olvida sobre el alféizar de una ventana.

El trabajo en cuestión responde al hiperbólico nombre de Whatever people say I am, That's what I'm not. El lector asiduo del blog (especie de cuya existencia no estoy convencido) estará al tanto de mi opinión acerca de los títulos rebuscados y estrambóticos para galletas o para combos. Ya puede ser una frase sacada de una novela sobre temática similar a la del álbum, un trabajo sobre el que el compositor y vocalista de los Monkeys, Alex Turner, encontró un océano de paralelismos. Ya puede ser una reivindicación camuflada buscando la autopublicidad. Ya puede ser lo que quiera. Me parece largo, rebuscado, facilón y efectista. Es decir, no empezábamos con buen pie.

Luego te pones a escuchar las canciones y te gustan. Bueno, eso de "me gustan" es ir un poco lejos. Es un "me gustan" como el "me gustan" de las hojaldrinas Mata en Navidad. Me gusta encontrármelas, me gustan los recuerdos que me traen. Me como una, dos. Durante esos diez días al año. Pero una noche cualquiera, de sábado para más inri, buscando qué colocar en la mesa para cenar.... difícilmente abriría una bolsa de hojaldrinas Mata. Pues algo parecido me pasa con este trabajo. Difícilmente lo pondría en la cena acompañando.

Luego estoy seguro de que me encuentro con un tema, aislado, en un pub, o en una barbacoa entre amigos, y lo disfruto o lo tarareo. Algo parecido a lo que me pasa con esos paisanos de los Monkeys que son Maxïmo Park.

Leo unas cuantas referencias que me remiten a The Strokes o Franz Ferdinand. Puede ser que los de Sheffield encontrasen allí su primera inspiración, de hecho se puede destilar de sus instrumentaciones, pero Whatever... está para mí varios peldaños más abajo que un Is This It o un You could have it so much better. No sólo porque no me haya impresionado su escucha como la hizo la de estos otros trabajos, incluso en la parte más pegadiza del asunto, no me ha trascendido ninguna melodía con la fuerza que pudieron hacerlo algunos temas de los álbumes mencionados de sus antecesores.

Me quedan cosas por oír de éstos y no quiero vender toda la lana a las primeras de cambio. Veremos qué esconden esos trabajos lanzados después, largos donde leo que se endurecieron las guitarras. El caso es que tampoco sería capaz de fijar dónde tuvo este LP del 2006 sus carencias. Le falta algo y no sé lo que es. Porque si vamos más allá de lo musical y ahondamos en su lírica, no me es extraña. Trece cortes dándole vueltas al sábado noche, uno de los mitos de la cultura popular. Más centrado en el club que en la barra del bareto, es cierto, pero el viaje hacia lo inesperado que es iniciar un sábado por la tarde una salida entre colegas sabiendo que se verá amanecer es un lugar que comparto con Turner y los suyos. Pues ni aún así.

Con todo las matemáticas no engañan, y los monos árticos rompieron el molde con su primer larga duración. El trabajo más vendido en UK en su primera semana en el mercado, más de 360.000 copias despachadas. Ha sido cuatro veces platino. Número uno en UK, Austria, Irlanda; dentro del Top10 en Bélgica, Dinamarca, Japón y Holanda, y veinticuatro en el Billboard 200 de los USA. Es decir, lo más de lo más. Entrada triunfal. Enormes cifras que seguramente están más que merecidas, pero que no me han pegado el pellizco que esperaba. Será cosa de higiene ótica. Me lavé bien las orejas el lunes?

Cosas buenas a tod@s.


sábado, 6 de abril de 2013

Atajos, trucos, revoluciones

Hay grupos que tienes que conocer si quieres que los gafa-pasta no te claven sus miradas de desprecio por encima del marco de las lentes. Uno de ellos es Pixies. Los Pixies, que decimos por aquí. Y, por qué? . Pues porque los Pixies llevaron la música a unas coordenadas que sirvieron de punto de partida a muchas cosas a posteriori. Algunas de esas cosas mundialmente conocidas y tarareadas por todos. Es, como digo yo, el "truco argentino" (y que no se me enfaden por favor los argentinos con esto). Me explico.

He conocido algunos argentinos en mi vida. Como no existía vinculación alguna entre ellos más allá de la nacionalidad, entiendo que el lugar común que les encontré forma parte más de la indiosincrasia de su pueblo que de rasgos de caracter personales de cada uno. Uno de esos lugares comunes es el atajo. A un argentino nunca le falta una respuesta. Y no sólo eso, es que habitualmente la respuesta es un camino en línea recta entre algo conocido pero inexplicable a primera instancia, y algo conocido y explicable (no siempre de forma racional), aunque a priori desconectado completamente del origen. De los mil ejemplos que podría poner se me viene a la cabeza Darín respondiendo a García-Siñeriz que al contrario de las rebecas hechas de lana, la pelambre de las ovejas, del animalico vaya, no encoje (sobre el bicho) cuando se moja debido al flujo sanguíneo (en este caso el segundo punto tiene una explicación racional).

Llevando el "truco argentino" a lo que nos ocupa, la pregunta debería de concretarse en algo parecido a... de donde viene la distorsión de algunas guitarras y las alternancias de sonidos fuertes y bajos en los temas de buena parte de la producción musical rock alternativa americana de los 90?. Y la respuesta, el atajo, sería: Pixies. Por qué? por gente como Kurt Cobain y sus declaraciones a la hora de contextualizar algo tan de uso público como el Smells like teen spirit, sin ir más lejos.


 En este blog ya hemos mencionado que la cosa ésta de ensuciar viene de más lejos. Sin descubrir misterio alguno deberíamos de remontarnos a Detroit y a NYC, pero no toca hoy repetir lo ya dicho. Pixies (Black Francis, Kim Deal, Joey Santiago y David Lovering) se forman en Boston en la segunda mitad de los ochenta y lo hacen para agitar un poco el cotarro a baja escala.


En el año 88 sacan su primer largo, Surfer Rosa, y éste fue, precisamente, el trabajo que me ocupó hace dos semanas.

Surfer Rosa pertenece a la cultura popular a estas alturas de la película. Al menos a un grupo reducido de cultura general, pero general al fin y al cabo. Quiero decir, poco podemos descubrir de esta galleta en la primevara de 2013.  Ví hace tiempo un documental acerca de los Pixies y lo que saqué en claro (y lo único que me ha quedado de aquel vídeo) es que Surfer Rosa fue para muchos de los músicos hoy día mundialmente conocidos, un shock perdurable e inspirador en el tiempo. Por poner un ejemplo de aquellos que no paraban de hablar maravillas del invento: Bono.

El disco tiene temas que llevo escuchando años. No puedo ya comentar Gigantic, o Where is my mind, y mucho menos aún Bone Machine, que siempre me ha parecido un tema muy stoniano desde el primer segundo en que la guitarra de Santiago se cuela en mitad de la percusión y encontramos las primeras voces. Y no puedo comentarlas porque las tengo dentro del ADN.

Una producción de un tipo indispensable en la música popular de los últimos años: Steve Albini. No es el momento de hablar de Albini, pero lo traeremos más por este blog. Hablar de Albini es, aparte de hablar de los Pixies, hablar de Urge Overkill, Pussy Galore, consecuentemente Jon Spencer Blues Explosion (ya trajimos el Acme por aquí), P J Harvey, los ya avanzados anteriormente Nirvana (con un Cobain impresionado por este trabajo y que a la postre forzó la colaboración en In Utero), The Sadies, incluso Cheap Trick. Todo acompañado por un elenco de artistas menos conocidos que tira de espaldas. Terrenos para caminar de sobra.

La línea de Albini nos lleva hasta John Loder, y lo menciono porque fue el ingeniero del Psychocandy de los The Jesus and Mary Chain, trabajo que también mencionamos en su día. Productores que dieron a sus trabajos un efecto de inmediatez, de desnudez y naturalidad que vino a significar una especie de confirmación del inicial DIY setentero pasado por la lavadora del final de siglo.

Me alargo demasiado hoy, pero es ésta una de esas bandas que dan juego. Volverán por aquí.

Os dejo con ese arranque que mencionaba. El principio de la revolución. Una guitarra de Santiago grabando un reconocible riff en nuestras molleras.

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 24 de marzo de 2013

Encuentras el alma donde menos te lo esperas

Hace cosa de tres años, un colega de quien escucho atentamente recomendaciones musicales y yo compartíamos mesa con nuestras respectivas y divagábamos sobre lo terrenal y lo divino dejando la sobremesa desenvolverse entre orujo de hierbas y cafe cortado. Fue entonces que me refirieron por primera vez al grupo que he andado escuchando esta semana: Lambchop.

No mentiré diciendo que alguna vez les había robado una escucha furtiva aquí o allá, en el Spotify, en algún video perdido en YouTube, pero nunca me había parado con detenimiento a escarbar en su sonido. Así que cuando me decidí a llevármelo al coche busqué sin criterio alguno y acabé en el Nixon del 2000.

No negaré que me esperaba una inyección de americana en la línea de Farrar, por ejemplo, pero no. Voy y me topo con un sonido con mucho groove, con cadencias que me traían recuerdos en ocasiones de un Jay Kay, en otras incluso del buenrolloismo californiano de un Frankenreiter. Pero, cómo lo diría? no generado desde la inmediatez de éstos, como parido tras una búsqueda más intensa, más intencionada, menos directa y sincera. Como si el resultado se hubiese alcanzado tras un cuidadoso trabajo sobre la parte instrumental, sobre el mismo desarrollo de las letras. Y, cuando más me informo de quien anda detrás, más se reafirma mi creencia. Un tipo llamado Kurt Wagner.

A mí, ávido lector de comics cuando el tiempo estaba de mi lado, lo de Kurt Wagner me trae a la memoria mutantes azules con propiedades teletransportadoras, lo cual no deja de, paradójicamente, adaptarse bastante bien al principio compositivo del combo que nos ocupa. Un sujeto que parece no dejar a nadie indiferente. Un tipo capaz de sacar canciones en el mismo corazón de Nashville, en la etapa previa a la chuleta, con títulos como I'm F*cking Your Daughter. Insisto, no es NYC, es el sur más tradicional de los USA. Un iconoclasta en ese caso. Un tipo con desarrollos complejos y comeduras de olla varias que plasma en sus letras de forma sutil pero enrevesada. Como esas amagadas referencias al famoso presidente yankee con cuyo apellido titularon este trabajo.

Quizás por todo eso hablamos de, según allmusic, el grupo más brillante y único que el sonido americano ha dado durante los 90 (o al menos es así para Jason Ankeny). No son palabras menores.

Pero con la música lo primero que hay que hacer es abrir las orejas. Y con este trabajo merece la pena. Encontrar ese sonido soul con esa vuelta de tuerca extra es intrigante y excitante a la vez. Incluso el falsete exagerado de Wagner en algunos temas (enorme en You Masculine You), no dejando que te mezca inánime (nunca mejor dicho) la melodía. Haciendo despertar la atención incluso al conductor más madrugador y cabreado de las seis de la mañana.
Me quedo sobretodo con la primera mitad del disco. Quizás la segunda parte necesite de más escuchas al ser menos inmediata, pero elsonido de la primera es de cuchillo sobre mantequilla caliente. Con sus distorsiones y todo.

Siempre hay gente comenzando caminos. Igual, querido lector, sea su caso con el soul. Quizás nombres como Stax le suenen a chino. Y tal vez esto se deba en parte a falta de la conciencia de puentes que crucen desde el presente hasta el pasado más setentero. No sería extraño que encontrase en estos diez cortes un ticket de ida. Zambúllase, nunca se sabe, a veces vas y encuentras el alma donde menos te lo esperas.

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 10 de marzo de 2013

Espacio para la digresión

En ocasiones comienzo poniendo título al post y luego me lanzo a escribirlo. En otras no ando tan despierto y primero escribo lo que se me va viniendo a la cabeza para, finalmente, buscarle un encabezado, como si de rellenar la tarjeta de entrega de un regalo se tratase.
Hoy empecé por el título porque tengo claro el concepto que quiero transmitir. La falta de acuerdo respecto al álbum que escuché esta semana. De ahí el uso de la palabra digresión, que viene a significar el acto de romper la línea del discurso para introducir un motivo que no tiene que ver con el que seguía la exposición original.

Los que me llevan hasta esa digresión son los que escriben sobre Porcupine, el que fue tercer trabajo de los británicos Echo and the Bunnymen. Tanto si voy a allmusic, como si abro mi ejemplar del 1001 discos... de Dimery, como si leo la Wikipedia o si recupero artículos de esos que tengo grabados o impresos, soy incapaz de encontrar una lectura uniforme sobre este trabajo. Lo que me queda clara es la polémica que despierta. Sin embargo le da espacio a uno a leer frases tan encontradas como que es un trabajo de fácil escucha hasta que necesita de repetidas dosis de dedicación para acabar encontrando el significado último que la justifica.


Y a mí, tanta enjundia sobre un disco al que no he dedicado por causas propias (con la cabeza en otros sitios) y ajenas (escuchar música en un coche cuando llueve no es nada práctico ni útil) la atención necesaria, me genera confusión. Entre lunes y miércoles a mediodía las canciones sonaron bajo el golpe de la lluvia sobre el techo sin que fuese capaz de diferenciar más que las líneas mayores. De entender algo de lo que el señor Ian McCulloch decía ni hablamos. Aún así no interrumpí la radio. El miércoles por la noche la lluvia dio un respiro y pude por fin acercarme al sonido del LP de los de Liverpool. Y la verdad, la primera impresión fue estar escuchando a un David Byrne pasado de vueltas en un disco oculto de las cabezas parlantes. Lo que me costó encontrar fue a los autores de ese Ocean Rain que tantó me gustó.

Así que la primera lectura que traje fue que las canciones de este trabajo del 83 con producción de Ian Broudie eran meros pasajes de post-punk sin nada nuevo que aportar a la escena. Por lo que leo erré el tiro de pleno. Tendré que hacer los deberes y bucear en las letras de un atormentado McCulloch. Quizás lo que me confunde es el trabajo de producción que llevó a la banda a grabar el álbum por segunda vez incluyendo arreglos más comerciales cara a satisfacer a la compañía. Una decisión a la que sólo se opuso el guitarrista, Will Sergeant, y que, todo sea dicho, me quedaré con las ganas de escuchar para saber cómo se enfocaron y parieron primitivamente estas canciones.
Reconozco que los toques orientales de Sitar no acaban de quedar mal, pero en las primeras escuchas me chirriaban sabiendo que escuchaba a quien escuchaba.

En definitiva, que me deja algo tibio este trabajo de una banda por otro lado muy interesante. El regusto a ejercicio de marketing (con la aparatosa foto de portada incluída subiendo a Islandia a jugarse la vida en un paisaje helado) no me lo quita el pasado quetengo con ellos. Podrá aparecer en todas las selecciones de discos fundamentales del mundo, pero a falta de un acercamiento mayor, lo voy a dejar en el ipad pequeño que no cojo a menudo, o en una carpeta nueva que abriré: segundas oportunidades.

Poco he hablado de música, es lo que tiene la digresión.
El video de abajo contiene The Cutter en el inicio. Luego se queda en blanco más de dos minutos. Lo he elegido porque es el que ha tenido el sonido que me ha parecido mejor. En cualquier caso, una vez acaba la canción, siempre puede introducirse en la barra del navegador una dirección más interesante y leer, por fin, cosas de música.

Cosas buenas a tod@s.



domingo, 24 de febrero de 2013

Aktitud

Lo primero que se me vino a la cabeza al rescatar el primer disco de Kortatu fue la fiesta. Sé que esto sonará fatal a todo aquel que se haya sentido identificado con la parte más reivindicativa y nacionalista del combo euskaldun, pero yo no había nacido en la Euskadi de los primeros setenta ni era muy permeable a comprender los problemas de otros por aquella época. Don Vito y la revuelta en el frenopático o Sarri, sarri constituyeron la banda sonora con la que comencé a beber kalimotxo y a comprender que en la vida se podía tener una actitud diferente de la que nuestros padres nos habían contado. Era como andar escuchando a The Association y que cayese en tus manos un disco de The Rolling Stones.
Pero además la banda sonora no era oscura, o lúgubre. No sonaba a descenso a los infiernos. Era festiva, clara, optimista, abierta, alegre. Era perfecta. Por eso la oíamos todos.

Treinta años después, su escucha rescata esa sensación primera, es cierto, pero la edad permite realizar una segunda escucha sobre los temas. Esa que ningún punk que se precie soportaría.Esa postura que ya dejan bien criticada en el tercer corte de la galleta, La Cultura. Pero la he hecho. He pecado de todo lo que uno puede pecar cuando hace esa segunda lectura sobre un trabajo así, de soberbio, de pedante, de torero de salón, de burgués reprimido... pueden escoger lo que deseen.


El caso es que la conclusión primera a la que llego es que ya no se hacen discos así. Y me duele que así sea. Ya no hay gente como Fermín Muguruza, quiero decir con la edad y la (permítanme el palabro) aktitud que Fermín, su hermano Íñigo Muguruza y Treku Armendáriz tenía cuando sacaron esto a la calle. La situación por la que atravesaba el País Vasco tras la llegada de la democracia era ciertamente caótica. Con un estado político muy atomizado, especialmente en lo que a izquierda se refiere. Con una identidad nacional entendida de forma muy diferente por distintas capas de la sociedad. Con una crisis económica unida a un incremento de la demografía que no ayudaba a estabilizar la vida de las personas. Pero, miremos bien de lo que hablamos, ¿no podríamos acaso encontrar algunas de estas características en la España actual?. Sin embargo no me he cruzado aún con ningún grupo protesta al nivel de estos Kortatu, o de unos Cicatriz, por no hablar de unas Vulpess. Ni siquiera algo parecido a unos primeros Barricada. No he oído que haya una nueva oleada punk, un neo-punk en castellano salido de las comunidades con mayor tasa de paro y corrupción. Por eso digo que no queda ya gente como Fermín y los suyos. Hay más gente que es como yo.

Pero tuvimos a Kortatu. Y Kortatu personifica una forma de entender la vida como músico. Lejos de las majors, de los grandes festivales, de los concursos de televisión. Los Kortatu, como decenas de grupos hermanos, midieron el asfalto de Euskadi y aledaños hasta conocerse cada centímetro de carretera. En actuaciones reducidas, dándose a conocer gracias al boca a boca de sus seguidores. Moviéndose con convicción política, sin duda, pero también con amor a la música. Las canciones de este Kortatu, su primer LP, son trallazos que, para mi sorpresa, han aguantado increiblemente bien el paso del tiempo. El disco me sigue sonando fresco. Algunos temas podrían haberse grabado el mes pasado. Se queda uno con las ganas de escuchar en sus letras referencias a sombríos personajes que nos trufan la actualidad en los diarios a día de hoy.
En ese aspecto los Kortatu se aproximaban a la filosofía de unos Clash como portavoces de la crítica socio-política. Se decía de Strummer, Jones y los suyos que si te leías los titulares de la prensa, ya sabías de qué iban a ir las letras de las canciones de su siguiente trabajo.

Kortatu, el disco, fue el primer larga duración de los vascos, justo después de un trabajo ya mítico conocido como el disco de los cuatro, una edición del mismo año (1985) en que el mismo sello (Soñua) agrupaba temas de éstos junto a Cicatriz, Jotakie y Kontuz Hi!. Y creo que no erramos mucho el tiro si le etiquetamos de disco de referencia del rock nacional. En él se han mirado muchos grupos después. Copiando líneas de bajo de algunos de sus temas, imitando la actitud y el desenfado (que no la falta de atención ni compromiso) en la ejecución. Es un disco que hay que escuchar, pero sobretodo es un disco que hay que vivir. Acercarse a alguna fiesta de un pueblo del norte, lograr que el cuñado de una vecina le meta a uno en su peña, cargarse de razones espirituosas para aguantar el vendaval, y acercarse, pasada la medianoche, al concierto que dan unos chavales en la plaza del ayuntamiento. A poco de suerte que se tenga, alguna versión caerá. Será lo más cerca que, a día de hoy, se pueda estar de aquello.

Se me agolpan las ideas en la cabeza y no quisiera dispersarme. Se me vienen ganas de hablar de la escena del llamado Rock Radical Vasco, o del papel y la evolución del mismo Fermín a través de diversas formaciones posteriores, pero dejaré esos particulares para futuros posts.
Unas palabras antes de marchar para dar paso al Sarri, sarri: un ska trepidante acerca de dos presos etarras que se escapan de una prisión. Una versión acelerada del Chatty, chatty de Toot and the Maytals. Escúchenla de fiesta. Suena mejor.

Cosas buenas a tod@s.






sábado, 16 de febrero de 2013

El regreso de MarkII

Los que saben de esto dicen que el rock británico basa su modernización en tres pilares, a saber, Black Sabbath, Led Zeppelin y mis compañeros de viaje de la última semana, los Deep Purple. Podíamos decir que tenemos en este trio las bases de la formación del rock moderno.

Y los Purple, como tantos otros longevos combos, han tenido sus altos y sus bajos, sus discos aclamados y sus denostadas galletas. Más cerca de lo segundo que de lo primero se encuentra lo que anduve oyendo estos días, un trabajo del 84 llamado Perfect Strangers.

Primera pregunta, por qué traigo como primer trabajo de estos dinosaurios del rock un disco tan comprometido y criticado? Primera respuesta: porque estaba escandalosamente barato. No me ha costado ni tres Euros! Así que dije: "ven con papi". Y aquí lo tengo. Ya, ya lo sé, como criterio musical deja mucho que desear, incluso como nota a pie de página del libro de las buenas maneras, pero hace tiempo que no me guío por los libros de "1101 discos que has de escuchar antes de morir", donde, por supuesto, no viene, y dejo que el azar juegue también su papel en mi elección.

Segunda pregunta: mereció la pena la escucha?. Segunda respuesta: Me he divertido de lo lindo. Me ha gustado. Ahora ya tendré el estigma del fuego grabado en la frente, pero la relación emocional que tengo con este sonido supera cualquier intento de falsario análisis musical. Me ha recordado mucho al Coverdale y el sonido Whitesnake que tanto machaqué justo por aquella época. Aunque Coverdale, que sí fue cantante de los Purple (del 73 al 76, es decir, antes de parir a la serpiente blanca), no aparece de ninguna manera en este vuelta a los ruedos de los de Hertford.
Me ha parecido eso que algunos llaman "rock sin pretensiones". Una entretenida película de sobremesa capaz de quitarte el sueño. Posiblemente no recordarás su argumento a la mañana siguiente, pero te ha hecho pasar dos horas de maravillosa desconexión.

Pero el título del post reza: "El regreso de MarkII", y he pensado que la pincelada del post podría ir por aquí.
Las bandas que extienden su vida en el tiempo suelen pasar por cambios en sus formaciones. Incluso The Beatles tuvieron a Pete Best. Deep Purple no fue menos, y significativos cambios han ido sucediéndose en su alineación a lo largo de los años, del 68 hasta el presente.
A cada una de esas alineaciones, que clásicamente se cuentan en número de cuatro pero que alargando la fórmula hasta la actualidad podemos extender hasta el doble, se le denomina Mark, seguido por un número romano que indica su orden cronológico. Así la MarkI fue la formación original de los Purple, la que cumplimentó los tres primeros álbumes de la banda entre el 68 y el 69. Tras ella, evidentemente, vino la formación que nos ocupa, la MarkII.
La MarkII fue una alineación a recordar. Para los que nos gusta la cosa ésta de la música es como citar al Madrid de Don Alfredo o al Barça del Dream Team para un futbolero. Hablamos de unos tipos que respondían a los nombres de Ian Gillan (voz), Ritchie Blackmore (guitarra), Jon Lord (teclados), Roger Glover (bajo) y Ian Paice (batería). Casi nadie.

La MarkII dió luz a la época dorada del grupo, del 69 al 73. Cuatro trabajos de referencia que, éstos sí, pueden encontrarse en los libros de las cosas a escuchar antes de morir. No los citaré porque, con tiempo y una caña, es mi voluntad pasar por ellos. Tras el 73 vino Coverdale, y, en el 76, el parón.

En 1984 vuelve a encenderse la luz roja del estudio y los Purple abren los ojos por segunda vez. Y con la MarkII al completo. Sus integrantes se reunen dejando a un margen sus actuales ocupaciones (unos en Rainbow, en Whitesnake junto a Coverdale otro, en los Black Sabbath o incluso trabajando junto a Gary Moore alguno). Y paren, en mi parecer, un disco de factura de oficio sin mácula. Volviendo al símil futbolístico, uno de esos partidos en que el gran equipo se pone el mono de trabajo y saca un solvente dos a cero frente a un equipo de categoría inferior. Sudando la camiseta lo justo, sin florituras cara a la galería, pero de forma seria y profesional. Sin desmerecer al contrario (en este caso el público), y consiguiendo sacar adelante el reto.
Se puede culpar a este disco de no reinventar el rock'n'roll, pero cuántas bandas quisieran haber sido capaces de hacer un trabajo tan compacto y exacto como este?.

Lo dicho, rock'n'roll de factura perfecta. Otro día hablamos de genialidades.

Cosas buenas a tod@s.



miércoles, 13 de febrero de 2013

Jaleos varios, desaceleraciones y una escena impermeable

Historias varias hacen que mi tiempo, últimamente, no sea el que fue. Eso conlleva daños colaterales y me consta que el blog está siendo uno de ellos. Durante el año pasado conseguí cuadrar las cosas, en éste estoy viendo que va a ser algo más complicado. De cualquier manera no cejaremos y, en la forma en que buenamente se pueda, iré tomando notas del camino como llevo haciendo. Quién sabe? el camino es largo y quizás tras otra revuelta vuelva a tener más disponibilidad.

Por lo de arriba se me juntan las entradas y no acabo de sacarlas adelante.
Hablemos un poco de britpop y de ese capítulo que comencé con Oasis hace ya un tiempo. 
La semana pasada estuve con una asignatura pendiente. Y lo peor es que me temo que la he vuelto a suspender. Blur y Parklife.

Qué tendrán que hacer éstos chicos para atraparme?. No tengo la más remota idea. El significado y trascendencia de este trabajo parece fuera de toda duda. Leer reseñas en libros y publicaciones on-line no hace más que incrementar mi frustración. Pero no hay forma de que se me graben en el disco duro. No encuentro la quintaesencia por más vueltas que le dé al invento.
Puede ser que la expectación haya derrotado la escucha? Eso en ocasiones ocurre. Pero creo que no, que hay algo más aquí. Damon Albarn y los suyos me gustan en canciones, pero aún no he conseguido encontrar la galleta que me arrebate. Y no creo que sea nada personal contra el britpop. No creo que acabara en mala situación en el comentario que hice del trabajo anteriormente citado de sus rivales de isla.
Vaya por delante que me falta toda su segunda etapa. Miedo me da que me falte, la verdad.

Así que a falta de elogios sobre estos temas, se me vienen dos ideas a la cabeza. La una es la anécdota de la disputa por el éxito entre éstos y Oasis, una carrera varias veces referida, en lo que a Blur se refiere, como el grupo que ganó una batalla pero perdió una guerra. Se ha contado mil veces, de forma que prefiero dejarla por si otro día me encuentro con mejor disposicion.
La segunda es introducir una línea acerca del britpop. Una sólo. Esto es más sencillo.

Si uno se pone a leer cosas sobre el britpop la mayoría de las veces se va a encontrar con el concepto de que el britpop apareció en las islas británicas como un movimiento de oposición al grunge americano. Una ola de reivindicación basada en los sonidos 60s y 70s (con The Beatles y The Kinks a la cabeza) y las temáticas puramente locales. Una huida de esa especie de respuesta a la invasión británica que constituía el movimiento abanderado por Cobain and Co.
No conozco tanto del britpop como para aseverar nada de forma taxativa, pero ni Blur, ni Oasis, ni el resto de sus compañeros de viaje me parecen a la altura de la comparación con los iconos mencionados unas líneas arriba. Me gustan los Ocean Color Scene, suele divertirme encontrarme a Pulp, hay temas de Suede para levantarse de la silla, pero Ray Davies y Lennon&McCartney eran otra cosa.
Incluso si vamos más allá de la música y ahondamos en el caldo de cultivo de ambos movimientos (grunge y britpop), me atrapa más la estampa de la segunda mitad de los 80s de la Olympia de Calvin Johnson, incluso la anterior ola de música británica centrada unas millas más al norte, en Manchester.

Posiblemente hay algo que escapa a mi vista a día de hoy. Ese algo que vió, y ve, mucha gente antes que yo. La piedra de toque de una escena que se me situa en un punto intermedio en la línea que une lo anecdótico con lo intrascendente. Precisamente por eso, por esa cosa que se me escapa a la vista, seguiré ahondando en ella.

Un tema de Blur.

Cosas buenas a tod@s.

domingo, 3 de febrero de 2013

Puntos de referencia

Hace unos meses traíamos a estas líneas a The Chemical Brothers. Éstos adoptaron este nombre toda vez The Dust Brothers parece ser que les "alertaron" con acabar en juicio si no cambiaban la idea de llamarse como ellos. El ejercicio de los que acabaron llamándose Chemicals no era otra cosa que reconocimiento explícito, pero a los segundos les pareció ir demasiado lejos el hecho de calcar su denominación.
Los Chemical devolvieron irónicamente el golpe con aquel primer trabajo titulado Exit Planet Dust. 

La admiración de Rowlands y Simons por E.Z. Mike y King Gizmo  estaba basada en el planteamiento que estos segundos hicieron del sampleo. La utilización de trozos de temas ya grabados para formar un collage sonoro sobre el que sobreponer, por ejemplo, fraseos como los del grupo que nos ocupa hoy: Beastie Boys. Una unión, la de los Dust y los BB plasmada en un trabajo del 89 titulado Paul's Boutique. Una galleta que pasa por ser un hito del hip hop y uno de los discos de referencia de la historia de la música popular.

Los Beastie Boys eran Adam "MCA" Yauch, Michael "Mike D" Diamond y Adam "Ad-Rock" Horovitz. Nacieron como tales en el Nueva York nueva-olero de primeros de los ochenta y, en su comienzo, mezclaron sus fraseos con el hardcore y post-punk de bandas como los Dead Kennedys o los Misfits, en antros de relumbrón y solera como el CBGB o el Max's Kansas City (los templos del underground de la gran manzana de finales de los 70).
Los BBs era blancos y de clase media. Rompieron con el arquetipo del rap del momento. Atrajeron un nuevo público hacia un nuevo estilo y desplazaron hasta ese mismo estilo la provocación del punk (enorme falo hidráulico sobre el escenario durante sus actuaciones incluido). Letras cantadas con arrogancia trufadas de referencias a la cultura basura, la droga barata, el estrato más enterrado y menos observado de la juventud del momento.
Antes de Paul's Boutique hubo un pasado. Una historia que comienza a desarrollarse en terreno del hip hop con Cookie Plus y más adelante, de la mano de Rick Rubin con Rock Hard (sampleo del Back in Black de los AC/DC incluído). Años más tarde dejan a Rubin por los Dust, Nueva York por la soleada California, se amorran a un SP-1200 y paren el trabajo que nos ocupa.

Este Paul's Boutique impresiona por mil razones. Como no se trata de hacer la autopsia del mismo, me centraré en una, la que más me ha llamado la atención, la ingente cantidad de material sampleado para su construcción. Y no sólo por el número (hasta 105 canciones sampleadas!), sino por los nombres de los sampleados: de Pink Floyd a The Beatles, de John Williams a Sly and The Family Stone, de James Brown a Ramones. Aquí hay de todo. Una amalgama impensable de repetir toda vez tuvo lugar el caso Grand Upright Music, Ltd. v. Warner Bros. Records Inc. y los derechos de autor y los royalties transformaron semejante cantidad de muestreo en algo económicamente inviable.
Pero Paul's Boutique está ahí para demostrar que una vez sí se pudo. Y se puede bucear entre sus temas y jugar a desgranar los trozitos del collage.

Me sabe mal pasar de este disco a otro con la semana que comienza. Escuchar hip hop anglosajón con mi nivel no sólo de idioma, sino de cultura underground americana, es beber vino con la nariz taponada. Me gustaría tener el tiempo de volver sobre las letras y poder comprender sus razones. Me engaño a mi mismo dejándome creer que lo haré. Mientras, saco de la estantería el que será el disco de la próxima semana, con la amarga sensación de estar disfrutando de algo a medias.
Jodido hip hop anglosajón. Vas a costarme más de lo que esperaba.

Os dejo con una suite enorme. Compuesta por varios fragmentos que en la primera edición venía del tirón aunque posteriormente (en la 20 aniversario) se presentó separada. Es algo larga pero demuestra perfectamente la unión entre los Dust Bro y los BBs. Se llama B-Boy Bouillabaisse y suena así.

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 27 de enero de 2013

De-Evolución

Si el concepto de evolución lo tenemos claro, explicar el de de-evolución (perdón por el palabro) es mucho más sencillo. Consiste en meter la mano dentro del primero, agarrar la punta por la cara de dentro y, mientras se sostiene el elástico con la mano libre, tirar de la punta hasta sacarla por la boca misma del concepto.

Durante su paso por la universidad en los 60s, dos chavales decidieron elevar este concepto a tratamiento para diversos trabajos en sus clases de arte. El hecho de que sobreentendemos todos que el paso lineal y en sentido único del tiempo implica que el hombre no tiene más opción que la de evolucionar con él. Esto, afirman, no tiene por qué ser así, o al menos no si entendemos evolución en su significado positivo. Necesitamos por tanto fabricarnos el concepto para cuando nos toque referenciar el cambio negativo. Aquí viene la de-evolución. Estos chavales se llaman Bob Lewis y Gerald Casale. El caso es que Lewis y Casale se cruzan un tiempo después con otro curioso tipo llamado Mark Mothersbaugh. Había nacido la semilla de lo que será uno de los grupos referentes de los músicos curiosos de la segunda mitad de los 70 y todo el arranque de los 80. De de-evolution... Devo.

Y yo estuve escuchando con cariño el primer disco de estos sujetos. Un trabajo del 78 titulado Q: Are we not men? A: We are Devo!. Hasta el título habla de que éstos no son mucho de seguir la tradición a rajatabla.


Pues el disco me encanta. Y, lo primero, me parece un disco de rock. De cabo a rabo. Por dos razones fundamentalmentes: la actitud y las guitarras. Vale que hay sintetizadores, está claro. Y que el hecho de incluirlos en sus temas constituye uno de los rasgos fundamentales de los de Ohio. Pero las guitarras, mmmmm como suenan estas guitarras. Es una de las producciones de Brian Eno que más me gustan de lo oído hasta ahora del inglés. Y eso que es conocida la actitud reaccionaria de la banda hacia lo que Eno hubiera estado dispuesto a hacer con su música, rechazando de plano muchas de las ideas y líneas ya desarrolladas por el productor para sus temas.

En cualquier caso me parece una vuelta de tuerca interesantísima al rock'n'roll. Deconstruyendo mitos como el (I can`t get no) Satisfaction de los Stones, o dando otra vuelta de tuerca al mito de Berry en Come back Jonee (o eso me ha parecido a mí, ya que no he conseguido encontrar una referencia por escrito al respecto). Si las guitarras de esta último tema no son puro rock'n'roll que baje Manolo y lo vea.

Pero si hay un tema que cabría señalar con el dedo ese ha de ser el Jocko Homo marca de la casa. Donde las guitarras y los sintes se conjugan con una letra que se desliza entre la ironía y el absurdo, mecánicamente inquietante, abriendo el horizonte musical hasta nuevos terrenos. Una canción a conocer para saber de cosas que vendrían detrás. Sonidos que empujaron a tipos como Bowie a afirmar de Devo que era una de las bandas del futuro.

Cosas buenas a tod@s.



domingo, 13 de enero de 2013

Es sólo rock'n'roll

Como hablar de los Rolling Stones, así, en general, sería propósito demasiado ancho como para encajarlo en un post de unas pocas líneas, aprovecharé la escucha del It's only rock and roll del 74 para dedicar un par de frases al que, para muchos, fue el gran melódico de sus satánicas majestades: Mick Taylor.

Hay una historia simpática detrás de Taylor. Cómo empezó con John Mayall (y sus Bluesbrakers), una vez éstos se quedaron medio huérfanos tras el devaneo de Eric Clapton hacia otras metas. La primera vez fue casi a modo de accidente, subiendo al escenario en un bolo de aquellos en el que se encontraron de repente compuestos y sin novia (sin novio, slowhand). Con decisión, Taylor se percató del problema, se acercó a Mayall y le comentó que conocía las canciones y que podría tomar la guitarra. No tenía muchas más opciones el de Cheshire, de forma que aceptó el ofrecimiento y tomó buena nota de las cualidades de aquel decidido chaval de dieciséis años. Tiempo más tarde era parte de la alineación formal del combo.

No es hoy el día de hablar de Brian Jones ni de su discutido y oscuro final, pero venga al caso que su ausencia significó la abertura de una vacante fundamental en el seno del grupo. Fue Mick Jagger el que, tras quedarse prendado con las cualidades del guitarrista, convenció a Keith Richards para escucharle y, finalmente, incorporarle a la banda.

Mick estuvo con los Stones en lo que para la mayoría es la época dorada de sus majestades. Del 69 al 74. De lo bueno, lo mejor. Aportaciones ya en el Let it bleed y en Get yer ya-yas out!, y entrega al completo en estudio en la trilogía mágica: Sticky Fingers, Exile on Main Street y Goats Head Soup. Para acabar su presencia como parte oficial del grupo precisamente en el trabajo que traemos hoy, un disco considerado por algunos como menor dentro de la ancha ya discografía del grupo.
No acabaron aquí las colaboraciones o ediciones Taylor-Stones, y aún tendremos ocasión de saber de él en el Metamorphosis o en el Tatoo You.


El nombre de este trabajo es descripción absoluta. Es cierto, no está al nivel de desarrollo, de riesgo, de genialidad que otros trabajos, pero es un disco de r'n'r puro y cristalino. Enorme. Con una única distinción a hacer y es la inclusión del Fingerprint File como último corte. Les quedó chulísima, sin objeción, pero parece un bonus track de esos a los que obligan los acuerdos intrincados con las discográficas. No he leído aún lo suficiente de él como para darle una explicación, pero siempre que me paro a la escucha completa del álbum me salta la incógnita cuando llego hasta aquí. Seguramente no es casualidad el que esté dejado para terminar el disco y no colocado de por medio, abriendo la posibilidad de despistar al oyente enmedio del orgasmo.

Por lo demás señalar, ya que de Taylor hablabamos, las dos canciones donde más noto su presencia. La musicalidad melódica de Time Waits For No One y Till The Next Goodbye.
No hacen falta muchas excusas para entregarse a esta galleta con fruición. Si es posible, y para más nocturnidad y alevosía, tras el conocimiento de la trilogía antes mencionada.

Hay jefes de obra que, para distinguir la calidad del conjunto, no sólo se acercan a comprobar la calidad de los forjados, se agachan en un rincón, el más oscuro de la sala, y comprueban el remate del inglete del rodapies.
Discos así hacen de una enorme banda de rock'n'roll, un mito.

Cosas buenas a tod@s.


lunes, 31 de diciembre de 2012

Paisley y rock

El término paisley podría traducirse al castellano, si nos permitimos cierta libertad, como cachemir. Y recalco lo de la "libertad" ya que no tenemos esa palabra en el diccionario de la RAE. Sí aparece cachemira como un tejido hecho con lana de cabra propio de la región del mismo nombre situada al oeste del Himalaya. Pero en el caso que nos atañe no hablamos tanto del tejido como del estampado. Un tipo clásico de diseño con formas más o menos de ameba y repetición fractal hasta el infinito (si metéis la palabra en Google y buscáis en imágenes tendréis de un vistazo una idea clara).

El término se utilizó también para definir un tipo de rock. En particular uno desarrollado durante los 80 que incorporaba detalles psicodélicos a músicas provenientes de totems de la década anterior, desde Byrds o Doors hasta la Creedence o los Big Star pasando por la inevitable Velvet o las guitarras escurridizas de Television. Uno de los grupos abanderados de este movimiento fue el que me ocupó la última semana laboral de este año que acaba en unas horas: The Dream Syndicate, y en particular su álbum Medicine Show, del 84, una producción de Sandy Pearlman.

Los Dream Syndicate nacieron en la soleada California a comienzos de la década de los pelos cardados y las mallas, fruto de la colaboración entre un sujeto llamado Steve Wynn y una individua que respondía al nombre de Kendra Smith. Luego vinieron Karl Precoda y, finalmente, Dennis Duck.
En el 82 ve la luz su primer y más conocido trabajo, uno de esos discos de la isla desierta llamado The Days of Wine and Roses. No es el que me ocupó esta pasada semana no porque ya lo haya mirado con la suficiente atención. Sencillamente equivoqué la carpeta y me encontré en el coche directamente con el trabajo que sucedió a éste, el Medicine Show que comento.


Los antecedentes con los que me disponía a la escucha no eran demasiado halagüeños. Esta galleta significó un golpe de decepción para crítica y ventas tras el pepinazo del trabajo del 82. Sin embargo su escucha me ha dejado un sabor de boca exquisito. Me ha gustado todo menos la portada. Me han encantado las guitarras de Wynn y Precoda. Ese sonido con su poco de óxido pero con una vocación melódica pegajosa y conzienzuda. El tratamiento de la voz de Wynn, muy en la línea de los trabajos de Pearlman, en un plano transparente por el que atraviesan las guitarras. Sin el... exceso(?) de realimentación de unos The Jesus and Mary Chain comentados en estas líneas hace poco pero con las trazas suficientes como para darle esa pátina de sonido que quiere mirar a la oscuridad sin decidirse a poner un pie en la sombra.

Me encantan títulos como Armed with an empty gun o Bullet with my name on it, esta última con una letra de las de mirarse y volverse a mirar y que merecería (merecerá) una etiqueta de lyrics en un futuro.

 Las colaboraciones dentro de la escena paisley fueron habituales, con el tiempo iremos descubriendo algunas. De momento un primer apunte de una escena de la que no habíamos tratado.

Cosas buenas a tod@s... y Feliz Año Nuevo!




miércoles, 19 de diciembre de 2012

El fin del mundo (punk)

Hay un hito en la historia de la música moderna que tiene lugar el 14 de enero de 1978. Se formaliza en una frase que Johnny Rotten (a la sazón vocalista de los Sex Pistols) suelta al público en San Francisco al terminar una interpretación de No Fun: Os habéis sentido engañados?. Bueno, lo dijo en inglés, claro, pero ese era el sentido de sus palabras.
Para la mayoría ese es el final del punk, del auténtico punk, de la idea original del punk. La música, el estilo, vamos, siguió, avanzó, se transformó, se reprodujo en after-punk, en post-punk, en new-wave, pero, sobretodo, el capítulo mencionado significó un corte con el pasado inmediatamente anterior.

Hoy no es el día de entrar en detalles a este respecto. Hoy es el día de tomar ese momento como punto de partida para lo que vino inmediatamente después. Lo que el protagonista principal (aunque no único) de la escena comentada realizó a continuación. Johnny Rotten recuperó su nombre de pila, pasó a ser Johnny Lydon de nuevo, y nacieron los Public Image Limited, o PIL.
La semana pasada vino conmigo en el coche su primer trabajo, un First Issue del que me gustaría pasar un par de líneas.

No me gustaría llenar el post de nombres, pero digamos que hay una bonita historia que contar respecto a qué ocurrió cuando Rotten decidió que abandonaba los Pistols y creo que resumirla no evitará que caigan algunos de ellos. Hay un personaje clave en esta historia, el magnate de Virgin Richard Brandson.
Brandson tuvo sus más y sus menos con el ideólogo y creador de los Pistols (Malcom McLaren). Esto, unido a la consabida desavenencia entre Rotten y McLaren, le llevó a estar pendiente de lo que allí se cocía cuando estalló la bomba y el vocalista punk por antonomasia soltó la frasecita de marras delante de la concurrencia de Frisco. McLaren mantuvo un antiguo proyecto cinematográfico (del que si toca hablaremos otro día) con Steve Jones y Paul Cook (guitarra y batería de los Pistols). Branson se llevó a Lydon a Jamaica y le puso a buscar autores reggae que potencialmente producir en Virgin.

De ahí nació un germen que acabó en la formación de un combo al que se unieron un bajo de antología (Jah Wobble), un batería con reminiscencias CAN (al menos para Lydon) llamado Jim Walker y, sobretodo, un guitarra de excepción llamado Keith Levene. Juntos conformaron PIL, y juntos dieron a luz en el 78 el First Issue que andaba escuchando.


Por tanto, First Issue, viene a ser el primer disco post-punk si en rigor queremos hablar. El primer adoquín de un camino nuevo que llevaría el espíritu del punk hacia territorios más contaminados, hacia la fusión con sonidos y texturas nuevas. De forma sutil en este primer trabajo, pero indicando un cambio, un giro en la dirección de consecuencias trascendentales. El mundo del punk había acabado. Quedaría el sonido, pero la verdad que pretendía vender se había esfumado. El contrasistema se había convertido en sistema. Había quien se podía forrar capitalistamente con el logo de éstos o aquellos. La hidra verde de siete cabezas se había comido de nuevo al chaval de la espada de madera (porque la misma hidra le había dado la espada de madera al chaval).

First Issue es un disco que escuchar. No he tenido tiempo de bucear como me gustaría en sus letras, pero sí en sus sonidos. No ha sido aquello de perder la cabeza, pero me ha intrigado, me ha absorbido a momentos, me ha grabado detalles y con seguridad lo recuperaré con el tiempo.

Hoy tocaba un post más de anécdota que de música. Quizás porque hay discos donde una cosa pesa más que la otra. De todos modos volveré en otras etiquetas a comentar algunos de sus cortes.

Hoy os quiero dejar uno que destila rock por los cuatro costados. Leí un avez una leyenda que contaba que lo grabaron Lydon y Walker, frente a frente, en una enorme sala de billar vacía donde la acústica encajaba con el deseo. Un trallazo. Volumen al 10 por favor. Annalisa.

Cosas buenas a tod@s.


sábado, 8 de diciembre de 2012

Electrones sonoros

Cuando uno remonta los ríos de la música electrónica antes o después acaba topándose con el combo que traigo hoy al blog, Kraftwerk. 
La espina dorsal de Kraftwerk la formaron clásicamente dos alemanes llamados Ralf Hütter y Florien Schneider que, allá por los años 60 se encontraron en Düsseldorf y comenzaron a compartir inquietudes musicales. Éstas acabaron generando un primer grupo y una serie de colaboraciones con diferentes artistas del entorno. Idas y venidas terminaron con ambos dando forma a un proyecto más estable (en cuanto a que ambos se decidieron por un nombre y por una línea). Había nacido Kraftwerk.

En este mismo blog ya hablamos hace unos meses del krautrock. Fue dentro de esa escena donde los primeros Kraftwerk comienzan a moverse, a indagar. No en vano el fundador de Neu!, que sería uno de los grupos abanderados de ese krautrock alemán de los 70, formó parte de aquellos Kraftwerk primigenios (hablo de un sujeto llamado Klaus Dinger). Y, ya que estamos por citar personajes significativos de este microuniverso, no pasemos por alto a Konrad "Conny" Plank, un ingeniero y productor que mucho tuvo que ver en aquella escena y del que, si toca, ya leeremos cosas dentro de un tiempo.


El caso es que esta semana vino conmigo en el coche el álbum que significó la consolidación y la internacionalización del grupo: Autobahn. Aquí uno, que alguna que otra carretera de Alemania ha recorrido, conoce el término a la perfección. Autobahn significa autopista en alemán. Y no es baladí que el álbum se llame así. Se trata, el que hoy tenemos entre manos, de un trabajo conceptual. unas canciones centradas entorno a un tema, en este caso la conducción a través de una autopista y la descripción de las sensaciones que provoca. La conducción monótona, la repetición de paisajes, el pasar de los coches, la noche y, finalmente, la parada en el área de servicio y la mañana que despunta.
Se trata de música ambiental, muy descriptiva, hasta el punto de jugar con los sintetizadores para emular sonidos reales del paisaje sonoro de cada situación, desde coches adelantándonos hasta pájaros anunciando el alba. Lo más parecido a esto que ha pasado por el blog son aquellas aventuras de Brian Eno en la cara B del Heroes de Bowie.

Trabajo básicamente instrumental donde no todo es electrónica, pero donde ésta tiene un papel predominante y puntero. Con unas voces incluídas en el primer, homónimo, y preponderante corte, algunas naturales y algunas pasadas a través de un vocoder (instrumento que, a partir de este trabajo, Schneider se atreverá a utilizar en directo en sus actuaciones).

Autobahn es para muchos "el" trabajo de Kraftwerk. La obra seminal que abre las puertas de la electrónica. Se entiende que, cuanto menos, una primera escucha se debiera de merecer, aunque sólo sea por coger un poco de culturilla. Sin embargo hay que tener cuidado. Si se es capaz de realizar el ejercicio de despojarse de prejuicios antes de entregarse a la escucha, y uno se zambulle en los sonidos de los alemanes sin prisa, entonces, puedes quedarte atrapado.
A mí el disco me ha encantado. Es cierto que no es lo primero ambiental que escucho, ni la primera eléctronia (lo que me ha hecho verle incluso un puntito de inocencia divertido), pero dejarse llevar por las sensaciones de esos más de veinte minutos del primer corte es alucinante. Tengo la melodía metida en la cabeza. Ayer cogí otro coche, teníamos que ir a un pueblo de aquí al lado pero tomamos la autopista, no puede evitar repetir ese mantra Wir fahr'n fahr'n fahr'n auf der Autobahn (conducimos por la autopista), con ese efecto de cámara frente al espejo que se genera cuando la letra concluye, después de describir por donde conduce la voz (está cantado en primera persona del plural), ponemos la radio y por los altavoces suena: "conducimos por la autopista". Bucle infinito.

Insisto demasiado en que cada música sirve para algo. Ésta no sirve para estar tomando pintas en el bar, pero eso no la hace inútil, al contrario, posibilita estrucura sonora a marcos que, de otra manera, tendrían que tomar prestadas sonoridades de otros sitios. Suerte que tuvimos quien se atrevió.

Dejo hoy el tema más inmediato del disco. No es el más significativo de lo que se puede encontrar en su interior, pero puede tirar abajo uno de los prejuicios ignorantes más extendidos: "la electrónica es chunda-chunda".

Cosas buenas a tod@s.



sábado, 1 de diciembre de 2012

Una dama indispensable

Existe una escena de damas de la música folk americana (aunque aquí podríamos decir country sin miedo a errar mucho el tiro) de una repercusión local (local a nivel de país, USA) máxima pero de una limitada proyección a nivel europeo. No se trata, en ningún caso, de una escena underground para el público del viejo continente, pero chocan las cifras que consigue en su país natal con el impacto en la capa cultural e industrial del ánimo musical europeo.

Una escena compleja y poblada, capaz en algunos territorios de hacer sombra y enmudecer a otros estilos presupuestamente monopolizadores de medios de masas. Escena que se entremezcla a veces con otras esferas adyacentes y genera productos que sirven de puente, a menudo, entre habitantes de uno y otro círculo.

Hoy traigo al blog a una de las damas que reina en esta escena: Emmylou Harris.
Esta semana he estado escuchando uno de los dos trabajos que publicó en 1975: Elite Hotel, una reunión de canciones de diferentes autores, desde su adorado Gram Parsons hasta los mismísimos Lennon y McCartney. Pero un resumen del resumen de la persona primero.

No me gusta volcar en los posts cientos de datos. Me aburren los posts que me hacen eso a mi. Sin embargo me gusta utilizar cada uno para aportar un pequeño grano de arena al dibujo de un tema, un autor o un álbum. En el caso de la de Alabama me gustaría volver a insistir en que es una de las más populares intérpretes de la música folk y country norteamericana. Ganadora de doce Grammys (doce!, uno de ellos precisamente por esta galleta),  y colaboradora de gente tan conocida como el citado Parsons, Willie Nelson, Johnny Cash, Neil Young o Bruce Springsteen (por no hablar de otras damas de la escena como Dolly parton o Linda Ronstadt).
El cancionero que Harris ha abordado en su extensa carrera es impresionante. Un descenso a las entrañas del corazón musical americano (y en ocasiones no exclusivamente americano) donde navegar por nombres significativos y esenciales en el quien es quien del mapa cultural folky. Nombres que mejor no listar hoy, aunque si podemos hacer otra cosa...

... mencionar algunos de los que se recogen en este álbum. Me voy a centrar en tres obviando la versión del Here, There and Everywhere que se recoge en el séptimo corte. Razones sentimentales me hacen elevar su versión original (de este trabajazo que fue Revolver) por encima de todas las covers del mismo que he oído hasta el momento.
Empecemos por Gram Parsons y Chris Hillman. Aún no hemos hablado en este blogen en serio de The Flying Burrito Brothers, ni siquiera hemos mencionado con propiedad a The Byrds (cuánto queda por hacer...), de forma que sólo mencionar que estos dos formaron parte de ambos grupos (pájaros primero, burritos más tarde). Hillman escuchó a Harris, quedó prendado de ella y la recomendó a Parsons. El flechazo fue inmediato y el resultado insustituible. Luego vino la muerte accidental y repentina del primero y la resaca que eso supuso sobre el enfoque sentimental de Harris a lo largo y ancho de su carrera. Dos versiones de temas de ellos en este álbum: Sin City y Wheels (de la que reconozco me sigue tirando más la original).
Y un tercer nombre de excepción. Otro de los padres del sonido country y folk americano: Hank Williams, el iniciador de una interesante saga de la que quizás otro día hablemos. Williams es de los que se han de conocer aunque sea por tener una culturilla musical de esas de salir del paso. Otro hijo de Alabama que marcó las guías por las que muchos tras él encaminaron sus pasos. En el Elite un tema titulado Jambalaya, a mi juicio, por desgracia, de la mitad que menos me atrajo.

Me da la impresión que voy metiendo más nombres de los que debiera para no perder el interés del lector pero a la vez siento que me dejo injustamente muchos que debieran aparecer. Por eso resumiré en una línea que un tal Brian Ahern produjo este disco, y produjo muchos más, tantos que cabría decir que es, sin duda, uno de los grandes padres del sonido country americano. Otro día hablaremos más de él.

Emmylou Harris. Si da la casualidad de que no os habíais parado a escuchar algo de ella, no lo dudéis, intentadlo. Y con un poco de curiosidad buscad quien es el autor del tema que interpreta. Estaréis entrando de cabeza a la fiesta de la música tradicional americana.

Un tema, para acabar, de un sujeto que respondía al nombre de Buck Owens, Together Again. Qué cositas hace ese piano pasado el minuto y medio...

Cosas buenas a tod@s.



sábado, 24 de noviembre de 2012

Iconos


 Este falsario tiembla enfrentándose a hablar de un icono del rock de pura cepa como es el Highway to Hell de los AC/DC. Una vez eliminadas las más mínimas intenciones de hacer de esta entrada una recopilación de datos o una inocente introducción al producto, me queda la parte emotiva y la sensorial.


Ya traje el tema que abre el disco en ese intento ímprobo (por malvado, que no por esforzado) de bucear dentro de lo que nos cuentan las canciones. En la etiqueta de lyrics aparece rápido. Hoy me traigo la galleta completa, a fin de cuentas la banda sonora particular de mis horas de carretera semanal durante esta semana.

Me enseñaron que la historia de AC/DC tenía un antiguo y un nuevo testamento. El primero con Bon Scott haciendo las veces de maestro de ceremonias. El segundo con Brian Johnson a cargo de la voz cantante. Ambos dos con los hermanos Young (Angus y Malcom) como retorcida y consistente médula espinal del combo. Este trabajo del que hablo hoy es el final de la primera parte. El último que grabaría Scott sin poder predecir el pronto final que le esperaba víctima de excesos con el alcohol.

Me decía el otro día alguien con quien tengo la mayor de las confianzas que hacía mal comenzando por este trabajo mi ingreso de los australianos dentro de esas escuchas monotemáticas semanales. Por tratarse del más totémico de sus trabajos. Pensaba esta persona que una escucha más racional habría comenzado por trabajos anteriores, y que esto me hubiera permitido ir reconociendo una evolución dentro de las primeras producciones y el salto quantitativo producido en esta. Salto que llevó a los controles a un personaje ya conocido en el blog: Mutt Lunge (Robert John Lunge en la pila).
No es por llevar la contraria; realmente no planeo estas cosas y me dejo entrar en cada grupo según la casualidad y el azar me dictan. Este era el disco que tenía más a mano y empecé por él. En este caso empiezo por el icono e iré bajando hacia trabajos quizás menos reconocidos (si el tiempo y las ganas lo permiten). No es la primera vez que actúo así y los resultados, en mi experiencia, no han sido mejores ni peores que cuando he racionalizado cronológicamente el encuentro, comenzando por el primer disco e intentando avanzar en sentido temporal.

Pero poco puedo añadir fuera aparte (que dice, o decía en tiempos, Herrera) que me gusta como comer con los dedos. Me da cierta pereza traer el manido debate de por qué etiquetan en ocasiones a esta banda como metal cuando es puro y duro rock'n'roll. Así que no abro esa caja. Diré que aparte del archiconocido corte, disparos certeros como Girls Got Rhythm o If you want blood (you've got it) son para encabezar por sí solos cualquier trabajo. Sin olvidarme de Shot Down in Flames o ese final distintivo que es Night Prowler (con leyenda negra incluída que quizás traigamos en otra ocasión).
Quizás podría, pensando con malicia intencionadamente, que una descripción capciosa del trabajo podría ser "Highway to Hell, ocho variaciones sobre el mismo y Night Prowler". Pensé, durante la escucha, que un oyente ajeno o desentrenado encontraría demasiada homogeneidad en los nueve primeros temas del disco. La personalidad de la voz de Scott y las guitarras Young comiéndose todo, sobrevolando por encima de la personalidad de cada corte hasta transformarla en un nubloso entramado que queda en segundo plano. Pero me temo que es un ejercicio de simulación empática y onanismo mental. Mejor lo dejo.

Es sábado, para Moris el día del rock por excelencia. Tener el Highway to Hell como banda sonora no me parece de los peores planes que me podrían proponer.

Cosas buenas a tod@s.