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sábado, 9 de marzo de 2013

El principio, desde el final

Podría empezar de mil maneras esta historia y todas acabarían visitando los mismos bares, los mismos rincones oscuros. Las voces de hace veinte años, o quince. Los recuerdos de canciones de hace veintisiete, o treinta. Ruleta Rusa, Juez y Parte. 
En mi larga historia de encuentros y desavenencias con Joaquín Sabina, Don Joaquín, un re-encuentro tuvo especial valor. Todo dicho porque aquí servidora repitió los discos mayores y menores hasta 19 días y 500 noches hasta decir basta. El encuentro posterior significó un jarro de agua fría. Por eso este enésimo cruce en el camino me trajo a un Sabina clásico de Mentiras Piadosas.


Hay un sonido que nada tiene que ver con la excelencia sino con la parte más emotiva, y éste sonido de Garcia de Diego y Varona, dando carne crepuscular y cálida a los esqueletos del de Úbeda, forma parte del principio. De una impronta heredada, cultivada, potenciada y finalmente transmitida.

Cuando me encontré Tiramisú de Limón escribí esto a una vieja amiga:

Hace 8 años vivía en "la capital", muy cerca de Bravo Murillo. y hacía como que conocía Madrid. y escuchaba canciones de los 80 en bares trasnochados del año 2000. y recorría la bruma de la Castellana de Rot sin saberlo. y bajába a la hora de comer a la Latina por Tirso de Molina. y soñaba con melodías imposibles de Pancho Varona. y Antonio García de Diego no era un pintor de cámara de Fernando VII. y todo el asfalto de Príncipe de Viana me cabía en la palma de la mano. y estaba lo más alejado posible de volver a decirte "Sabina ha sacado un disco". 8 años después vivo cerca de la "ciudad condal". y hago como que conozco Barcelona. y escucho canciones de Franz Ferdinanz en pubs modernistas del Borne. y paso por la Plaça Lessep sin que lo sepa Serrat. y bajo a la hora de comer al Mercat de Santa Caterina por el barrio gótico. y sueño melodías imposibles de los Sunday Drivers. y Tom Waits no es un enlace sindical de la SEAT. y todo el asfalto húmedo de la Diagonal no se me pega al riñón, y estoy justo al ladito de decirte "Sabina ha sacado un disco"... pues eso abogada, que Sabina, ha sacado un disco. y que no te lo compres, que ya te lo compro yo.
 Y vaya si se lo compré.

Por un sonido único.

Cosas buenas a tod@s.

domingo, 28 de octubre de 2012

Aplicaciones botánicas

Me pasa cuando escucho a  Machín. Me invade una sensación de comodidad extraña, de orden y de inocencia en lo que me rodea. Como mensajes del pasado exterior que llegan en botellas de vidrios verdes y que describen parejas maduras paseando por aceras de mediodía, escenas costumbristas de talleres de coches con seiscientos en la puerta con el motor a la vista, de tiendas de ultramarinos con el dependiente subido a un taburete ajustándose el lápiz detrás de la oreja, de directores de oficina bancaria palmeando la espalda de un señor con una libreta de ahorro en la mano, de correcto traje los dos, ambos con recortado bigote, sonrisa entreabierta.


Antonio Machín sonaba en casa porque así lo querían los programadores musicales de la radio. Conocí Dos Gardenias antes de saber siquiera que era una gardenia, pero ni falta que hacía la botánica para dejarse enganchar por la melodía.
Años más tarde, en un ejercicio que a Joaquín Sabina se le ocurrió en su Rap del Optimista volví a encontrarme de bruces con el título, en este caso alistado en una sucesión de temas que le hubiera gustado componer al jienense.

Machín nació en Cuba pero después de un cierto periplo acabó instalado en la España de posguerra. Trayendo parte de su familia a Sevilla y siendo a la postre reconocido, con estatua incluída, por la propia ciudad como sevillano de adopción. Tenía una voz con una personalidad indiscutible.
Me gusta saber que su origen no distó tanto del de algunos bluesmen del delta en cuanto a una relación ética compleja con la música. Como a tantos de ellos les ocurrió, también Machín tuvo una influencia paterna negativa hacia lo que consideraba un camino de perdición. La música como excusa de gentes dadas a la nocturnidad y los vicios. Y entonces apareció la iglesia como marco indiscutible donde desarrollarse. Como en las congraciones baptistas de los de Mississippi, el niño Antonio cantaba a la parroquia en la Cuba pre-revolucionaria. La historia da un paso más hacia la profesionalización cuando entra en una primera orquesta en Cuba y definitivamente cuando marcha para comenzar a grabar y girar de forma decidida.

El repertorio de Machín va ligado a dos nombres por encima del resto, la compositora mexicana Consuelo Velázquez y el compositor cubano Oswaldo Farrés. Tendremos ocasión de hablar de ambos más adelante. No hoy. El tema de hoy, posiblemente uno de los tres más reconocidos del artista, lo compuso una cubana llamada Isolina Carrillo, músico reconocido en la isla y autora de temas que allí se hubieran hecho con los puestos más elevados del Billboard 200 de haber existido éste. Con todo Dos Gardenias es, con mucho, su canción más universal y extendida.

De cuando los artistas se presentaban con una orquesta detrás, bolero que lleva por título: Dos Gardenias.



Cosas buenas a tod@s.