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miércoles, 16 de enero de 2013

Un charco llamado Ramoncín

Acabé de leer anoche algo que no sé si calificar de informe, librito corto, artículo largo,... el caso es que en unas cuantas páginas (unas cincuenta) recorría los grupos de rock y pop españoles desde finales de los 60 hasta la primera mitad de la primera década del nuevo siglo (para los que lean el post dentro de cien años, el nuevo siglo, ahora, es el XXI).
Como la subjetividad consiste en decir que algo te gusta o no y en que nadie lo ponga en tela de juicio, no diré que el escrito era subjetivo, porque no lo pretendía. Era objetivo en el sentido de decir qué grupo era o había conseguido qué. Esto, siempre, genera diferencias, pero es la savia del asunto.
Hablar de todo lo que allí se contaba sobra, pero diré que señalaba como hay grupos que, mal que nos pesen, han significado una versión de calidad del espíritu de fuera (Dover (¿?)) y otros, como El Último de la Fila, que simbolizan una carrera completamente hueca (¿?), como para oídos poco dados a la exigencia.

El caso es que hablando de unos y de otros el texto toma como punto de partida a los ya mencionados en estos posts Kaka de Luxe, y asume que fueron el primer grupo punk que hubo en España. Bueno, matiza, quizás junto a los W.C.? de Ramoncín. Y aquí quería yo llegar.

Viendo la que está cayendo lo fácil hoy sería escribir poniendo a caldo a Ramoncín.
Como no tengo conocimiento de causa, me abstengo de enjuiciar si ha hecho o dejado de hacer y si ha metido o no la mano donde no debía. Si ha actuado de forma delictiva, que caiga sobre él la ley. Y si no, que la gente sepa reponer el daño de la injuria y el pre-juicio.
Pero éste es un blog de música. O eso intento. Y Ramoncín, el vilipendiado Ramoncín, es músico. Le pese a quien le pese. Y, diré más, es un músico importante en la evolución y popularización del rock en este país.
Lo demás es extramusical. Por supuesto que afecta al personaje y su proyección pública. Todo el tema ese de los saraos-tertulias metiéndose en temas de opinión social o política. Desde luego todo ese comportamiento está algo alejado de la rock-actitud, del espíritu del punk, y de la rebeldía y la oposición al sistema. Una golosina para los más jóvenes, para comparaciones varias.

Pero musicalmente Ramoncín ha tenido un rol que no se puede obviar. En primera persona, con sus temas, y en tercera persona, produciendo e influyendo a otra gente. Si nos limitamos a escuchar su música, ponerla en su contexto, y conseguimos escapar del personaje una vez fuera de las tablas, encontraremos un puñado de buenas composiciones rock. Algunas dañadas terriblemente con producciones poco adecuadas, o demasiado maniqueas (hijas de su tiempo al fin y al cabo, tampoco cabe ensañarse), pero en más de una y de dos ocasiones, con fondos de composición correctos y letras acertadas, en una narrativa que no ha encontrado similitud en otros creadores ibéricos.

Conocí mucha gente flipando con el "rollo" de Ramoncín, con la transgresión de su propuesta. Y luego vi a muchos de ellos vendiéndolo al mejor postor, olvidándo rápidamente muchas de las cosas que les había sugerido. Parte de esto (aunque por diferentes razones) ocurre treinta años después con el indie. Tú puedes hacer una música cojonuda, pero, por favor, no te hagas rico a su costa. Los famosos no molan.

Ramoncín y W.C.? duraron poco, pero duraron lo justo. En un sentido diferente al de Berlanga, Márquez, Sierra y compañía, subieron al escenario la actitud, la provocación. En un sentido más parecido al de Toño con los Burning o El Morfi con La Banda Trapera del Río. Con un lenguaje directo y una pose chulesca, con una ambiguedad buscada (en Ramón y en Toño básicamente), interpelando al oyente, empujándole. Un rock urbano nuevo, diferente al que Vicente Romero elevaba desde Chapa. El rock de barrios de Madrid como Entrevías, Vallecas, del cinturón de las grandes ciudades (Cornellá en Barcelona). No ha vuelto a haber un sonido así. Y gente como Haro Tecglen o Llopis lo supieron ver a tiempo.

Ramoncín volverá por este blog, porque hay cosas que no se explicarían totalmente sin el rol que jugó. Unos temas del mismo.

Cosas buenas a tod@s.



viernes, 27 de enero de 2012

La liviandad del imperdible

A finales del año 1977 España se encontraba, culturalmente, en un punto situado entre el peso de la tradición y el universo de la modernidad.
Un adjetivo que podría encajar aquí tan bien como cualquier otro seria "deslumbrados".

Obviamente había gente más deslumbrada que otra, en particular aquella que miraba directamente a la luz. Y la luz, aquí, era aquello que se hacía más allá de los Pirineos, especialmente en Londres.

A finales del año 1977 un grupo de jóvenes forman en Madrid un colectivo llamado "La Liviandad del Imperdible". Entre ellos: Enrique Márquez ("El Zurdo"), Eduardo Bonezzi, Enrique Sierra u Olvido Gara. Se dedican básicamente al fanzine underground, tratando en él la música de vanguardia (punk, glam, new wave,...), los comics de tono sexual y/o futurista, la crítica social.

El caso es que estos sujetos se encuentran un buen día en el madrileño Rastro de Cascorro con dos individuos que tenían un puesto de discos. Individuos que respondían a los cristianos nombres de Nacho Canut y Carlos Berlanga.
Juntos, y medio revueltos, deciden tomar instrumentos y tener el valor (porque lo que tienen realmente al principio, más que arte, es valor) de formar un conjunto de música, un engendro que marcó un antes y un después en la música de este país, una de las bandas que llevan el cartel de "pioneros" escrito en letras más claras, los Kaka de Luxe.

Los Kaka de Luxe rompieron con todo.
Vale que ya estamos en la época del "rollo", que Burning o La Banda Trapera del Río ya están haciendo de las suyas, que ya se ha emborrachado la peña en el Festival de la Cochambre, pero lo que hace Kaka no se había hecho antes. Por look, por actitud, por influencias. Rompen el hielo y se convierten en un modelo a seguir por cientos de bandas de este país.

Vicente "Mariscal" Romero y Jesús Ordovás los apadrinan en su comienzo, el uno fichándolos para Chapa, su discográfica, el otro trayéndolos al Disco-Express. Corre 1978 y los Kaka ya tienen su primer álbum en la calle ("Kaka de Luxe", Chapa).
No es lugar éste para contar los pormenores del grupo (seguid para ello el enlace sobre su propio nombre más arriba), pero baste señalar que, de Kaka, aparecen gupos como Paraíso (fundado por "El Zurdo" tras su marcha), o Alaska y los Pegamoides (donde aparecerá, por ejemplo, la singular Ana Curra). Enrique Sierra se unirá a un tal Herminio Molero y a dos hermanos de nombre Luis y Santiago y de apellido Auserón, y harán también alguna cosita por su lado.

Hay miles de artículos discutiendo si el principio de la llamada "Movida madrileña" es el concierto a Canito, del que hablaremos otro día, o el nacimiento de este singular grupo. Creo que uno y otro aportan su grano de arena. Sin Kaka sería complicado entender el desparpajo, la desverguenza, la vanalidad y el hedonismo que vino después tal y como se mostró de forma pública, posiblemente el concierto a Canito ayudó a generar un sentimiento de comunidad, una unión invisible entre aquellos que aceptaron o buscaron cobijo bajo esa etiqueta de Movida.

Sea como fuere, escuchar a Kaka es un lujo, una clase de ejercicio sociológico sobre el que dar dos vueltas, aunque, a ellos, les tocaría profundamente los cojones. Ellos querían, sólamente, pasarlo bien, y si de paso escandalizaban a alguien, mejor.

Cosas buenas a tod@s.


Cinco años después de su separación, Paloma Chamorro los juntó de nuevo en el mítico La edad de Oro y les hizo la siguiente entrevista.