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sábado, 6 de abril de 2013

Atajos, trucos, revoluciones

Hay grupos que tienes que conocer si quieres que los gafa-pasta no te claven sus miradas de desprecio por encima del marco de las lentes. Uno de ellos es Pixies. Los Pixies, que decimos por aquí. Y, por qué? . Pues porque los Pixies llevaron la música a unas coordenadas que sirvieron de punto de partida a muchas cosas a posteriori. Algunas de esas cosas mundialmente conocidas y tarareadas por todos. Es, como digo yo, el "truco argentino" (y que no se me enfaden por favor los argentinos con esto). Me explico.

He conocido algunos argentinos en mi vida. Como no existía vinculación alguna entre ellos más allá de la nacionalidad, entiendo que el lugar común que les encontré forma parte más de la indiosincrasia de su pueblo que de rasgos de caracter personales de cada uno. Uno de esos lugares comunes es el atajo. A un argentino nunca le falta una respuesta. Y no sólo eso, es que habitualmente la respuesta es un camino en línea recta entre algo conocido pero inexplicable a primera instancia, y algo conocido y explicable (no siempre de forma racional), aunque a priori desconectado completamente del origen. De los mil ejemplos que podría poner se me viene a la cabeza Darín respondiendo a García-Siñeriz que al contrario de las rebecas hechas de lana, la pelambre de las ovejas, del animalico vaya, no encoje (sobre el bicho) cuando se moja debido al flujo sanguíneo (en este caso el segundo punto tiene una explicación racional).

Llevando el "truco argentino" a lo que nos ocupa, la pregunta debería de concretarse en algo parecido a... de donde viene la distorsión de algunas guitarras y las alternancias de sonidos fuertes y bajos en los temas de buena parte de la producción musical rock alternativa americana de los 90?. Y la respuesta, el atajo, sería: Pixies. Por qué? por gente como Kurt Cobain y sus declaraciones a la hora de contextualizar algo tan de uso público como el Smells like teen spirit, sin ir más lejos.


 En este blog ya hemos mencionado que la cosa ésta de ensuciar viene de más lejos. Sin descubrir misterio alguno deberíamos de remontarnos a Detroit y a NYC, pero no toca hoy repetir lo ya dicho. Pixies (Black Francis, Kim Deal, Joey Santiago y David Lovering) se forman en Boston en la segunda mitad de los ochenta y lo hacen para agitar un poco el cotarro a baja escala.


En el año 88 sacan su primer largo, Surfer Rosa, y éste fue, precisamente, el trabajo que me ocupó hace dos semanas.

Surfer Rosa pertenece a la cultura popular a estas alturas de la película. Al menos a un grupo reducido de cultura general, pero general al fin y al cabo. Quiero decir, poco podemos descubrir de esta galleta en la primevara de 2013.  Ví hace tiempo un documental acerca de los Pixies y lo que saqué en claro (y lo único que me ha quedado de aquel vídeo) es que Surfer Rosa fue para muchos de los músicos hoy día mundialmente conocidos, un shock perdurable e inspirador en el tiempo. Por poner un ejemplo de aquellos que no paraban de hablar maravillas del invento: Bono.

El disco tiene temas que llevo escuchando años. No puedo ya comentar Gigantic, o Where is my mind, y mucho menos aún Bone Machine, que siempre me ha parecido un tema muy stoniano desde el primer segundo en que la guitarra de Santiago se cuela en mitad de la percusión y encontramos las primeras voces. Y no puedo comentarlas porque las tengo dentro del ADN.

Una producción de un tipo indispensable en la música popular de los últimos años: Steve Albini. No es el momento de hablar de Albini, pero lo traeremos más por este blog. Hablar de Albini es, aparte de hablar de los Pixies, hablar de Urge Overkill, Pussy Galore, consecuentemente Jon Spencer Blues Explosion (ya trajimos el Acme por aquí), P J Harvey, los ya avanzados anteriormente Nirvana (con un Cobain impresionado por este trabajo y que a la postre forzó la colaboración en In Utero), The Sadies, incluso Cheap Trick. Todo acompañado por un elenco de artistas menos conocidos que tira de espaldas. Terrenos para caminar de sobra.

La línea de Albini nos lleva hasta John Loder, y lo menciono porque fue el ingeniero del Psychocandy de los The Jesus and Mary Chain, trabajo que también mencionamos en su día. Productores que dieron a sus trabajos un efecto de inmediatez, de desnudez y naturalidad que vino a significar una especie de confirmación del inicial DIY setentero pasado por la lavadora del final de siglo.

Me alargo demasiado hoy, pero es ésta una de esas bandas que dan juego. Volverán por aquí.

Os dejo con ese arranque que mencionaba. El principio de la revolución. Una guitarra de Santiago grabando un reconocible riff en nuestras molleras.

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 31 de marzo de 2013

Septiembre

Te acuerdas de la noche del 21 de septiembre?
el amor estaba cambiando la actitud de los amantes
mientras perseguía a las nubes al distanciarse.

Nuestros corazones estaban sonando
en el tono en que nuestras almas cantaban.
Cómo bailábamos en la noche,
recuerda cómo las estrellas robaron la noche.

Bada-ya, dime si recuerdas
Bada-ya, bailando en septiembre
Bada-ya, nunca hubo un día nublado

Mis pensamientos están contigo,
de la mano de tu corazón para verte,
tan sólo charlas melancólicas y amor,
recuerda como aprendimos que el amor había llegado para quedarse.

Ahora diciembre encontró el amor que compartimos en septiembre,
tan sólo charlas melancólicas y amor,
recuerda el verdadero amor que compartimos hoy.

Bada-ya, dime si recuerdas
Bada-ya, bailando en septiembre
Bada-ya, nunca hubo un día nublado 

Bada-ya, dime si recuerdas
Bada-ya, bailando en septiembre
Ba de ya - los sueños dorados eran días soleados.


Ritmo contagioso, melodía optimista, el amor de septiembre, justo el que cierra el verano, funk, soul, disco, incluso onomatopeya al canto para demostrar que no es tan importante lo que se dice como la forma en que se dice. Cocktail explosivo e infalible. Años setenta, Chicago, un antiguo baterista de sesión de la Chess y sus secuaces lo rompen. Si esta canción no te cambia el ánimo estás jodido viejo.

Earth, wind and fire fue (es) un grupo singular, necesario, ineludible. Si no hubiesen sido ellos hubiesen sido otros, pero los necesitábamos. Aunque sin Maurice White la cosa hubiera sido diferente. No cabe duda de que el padre del invento impregnó de ritmo y pitch la fórmula.


Pero hoy no hablamos del grupo. Hoy toca la canción.

La compusieron entre White, Al McKay y Alee Willis. El segundo, guitarrista de los EWF, el tercero, un letrista americano con aportaciones a diferentes temas (sin ir más lejos la canción de cabecera de la serie Friends, que interpretan The Rembrandts), para mí ninguno tan redondo como el que traemos hoy. Colaboró en más ocasiones con los de Chicago, pero ésta fue la primera y a buen seguro la mejor.

Cuenta Willis como White le pidió escribir una canción básicamente optimista. Ellos se encargarían de encontrar una melodía. Y le recomendó un libro: The Greatest Salesman in the World. Willis recogió el libro y la recomendación de pasar por la librería Bodhi Tree, que era en el LA de aquel entonces un reducto de filosofía trascendental y espiritualidad. Recogió tanto material como estimó y se sumergió dos meses en la lectura de aquellas páginas. En los significados y los conceptos del espiritualismo en clave de "ja". Llegó a tener un esbozo de letra con apuntes de casi treinta páginas. No dejando escapar el más mínimo concepto que le llevase a un punto válido.

Un día, entrando en el estudio para encontrarse con White y los chicos, escuchó por primera vez el riff de guitarra de entada que McKay había estado trabajando con White y comprendió lo que iba a salir de allí. Un hit por necesidad. Una bomba de baile y exteriorización.

Me gusta encontrar, por lo que esconden, onomatopeyas en las letras de las canciones. Como cicatrices del proceso creativo. Momentos donde la melodía ha empujado la boca donde el diccionario no ha sabido cerrar la brecha. Y entonces el cantante, el compositor, deja marchar la voz sin significado alguno. El Bada-Ya de Septembre es el caso. Y está perfecto como está. Encabezando las frases del estribillo. Sin transmitir más significado que el irrefrenable deseo de seguir la línea melódica con la voz.

Estamos en las antípodas de septiembre en el calendario. Posiblemente el momento más melancólicamente posible para recordarlo. Y a la vez el más indicado para girar la cabeza. Hay otro Septiembre ahí delante. Exactamente a la misma distancia. Estos giros hacia delante los tienen que provocar canciones como ésta, como el tejido mágico de los cruces del falsete de Philip Bailey y la grave voz de White.

Cosas buenas a tod@s.

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Do you remember the 21st night of september?
Love was changing the minds of pretenders
While chasing the clouds away

Our hearts were ringing
In the key that our souls were singing.
As we danced in the night,
Remember how the stars stole the night away

Ba de ya - say do you remember
Ba de ya - dancing in september
Ba de ya - never was a cloudy day

My thoughts are with you
Holding hands with your heart to see you
Only blue talk and love,
Remember how we knew love was here to stay

Now december found the love that we shared in september.
Only blue talk and love,
Remember the true love we share today

Ba de ya - say do you remember
Ba de ya - dancing in september
Ba de ya - never was a cloudy day

Ba de ya - say do you remember
Ba de ya - dancing in september
Ba de ya - golden dreams were shiny days

viernes, 29 de marzo de 2013

D.E.P. Paul Williams. Un centavo para la montaña rusa

Leo en efeeme acerca de la muerte de Paul Williams.

Williams era un auténtico desconocido para mí hace unas horas. Ahora me ha enganchado en parte por el invalorable enlace que la revista digital nos deja hacia unos ejemplares escaneados de la revista de crítica musical que el propio Williams fundó: Crawdaddy!. El enlace está aquí.


Echar un vistazo por esas páginas (para lo que veo inevitable tener un mínimo de conocimiento de idioma inglés) es gozar como un niño la mañana del seis de enero. He recuperado esa sensación que he tenido en ocasiones en algunas bibliotecas o librerías cuando, en mitad de un pasillo atestado de libros, he dado con uno que me ha llamado la atención, lo he abierto, y he comenzado con una línea al azar. La siguiente vez que he tenido consciencia de estar ficicamente ahí, leyendo, ha sido tres, cinco, nueve minutos después.

Leo en uno de los números un artículo acerca del Bob Dylan post Blonde on Blonde, y me zambullo en una diatriba acerca del personaje y su obra, no ya sobre el bardo de Duluth, sobre cualquier autor y cualquier producto de su talento. Impresionante. Recomendable. Escrito con pasión y seguramente con eso que Manrique no se cansa de aconsejar: una vez escrito, corrige; y una vez corregido, corrige otra vez. Los que llegan a lo alto han subido muchos peldaños.

Dentro de ese artículo me quedo con una frase genial que me ha empujado, en último término, a dejar estas líneas aquí. Dice traducido Williams: ...decirle a alguien que escuche una canción es como darle un centavo para la montaña rusa.

Suerte que estos centavos no los gobierna ningún estado político. Son moneda de curso libre. Sólo se necesita a ese que ya ha hecho el camino y la ha forjado. Para recibirla y disfrutar de gastarla.

Montaña rusa por favor.



Cosas buenas a tod@s.

jueves, 21 de marzo de 2013

Cosas que hacer en Málaga

Un verano pasé por la feria de Málaga, en pleno mes de Agosto. Disfruté de la feria del centro agotando cada vaso y agitando el cuerpo con cualquier cosa que entrase por las orejas. Rodeado de bullicio es mas sencillo deshinibirse. Musicalmente tengo tres recuerdos de ese fin de semana: el Dragostea din tei de los O-Zone, el tarareo de las canciones de Calamaro y la presencia a través del tiempo y la gente de un grupo peculiar donde los haya, Danza Invisible.


Si no me hubiera tropezado en el camino con una obra tan bien parida como fue A tu alcance, me hubiera costado aproximarme a estos boquerones de pro hasta límites que hubieran podido llegar a su abominación. Peró allí estaba yo, en pleno 1988, con el vinilo entre mis manos. Con la sensación de que allí había grandes canciones. Uno de esos trabajos que no puedes dejar de machacar, una vez tras otra. Donde ninguna canción sobra y todas rebosan de ilusión, de vitalidad, emanando la energía del que comienza, del que se lo quiere creer. Píldoras de pop suficientemente edulcoradas como para satisfacer cualquier paladar y a la vez convenientemente cocinadas como para pasar el control más quisquilloso.

Luego vinieron otras aventuras de éstos y poco a poco me fui separando de su sonido. Aún les rastree las huellas unos años, hasta Clima raro, pero tengo que reconocer que finalmente se difuminaron entre la niebla de los nuevos discos que caían en mis manos.

Sin embargo aquel A tu alcance hizo que quedasen para siempre señalados. Danza, los Danza, tenían su germen en una banda de Torremolinos llamada Adrenalina, donde destacaba Ricardo Teixidó, al cargo de la batería y las voces (recuerdo eso que dicen que no hay vocalista que maneje mejor el pitch que un batería). Más adelante se transforma en Danza Invisible y deja el apartado vocal a uno de los frontman más característicos y personales del universo patrio, el gran Javier Ojeda.

Como tantos otros grupos del momento la influencia de la new wave inglesa se deja notar en sus composiciones. Julián Ruiz les produce y sale a la luz, en el 83, Contacto Interior, ya con Ariola. Pasando por un mini-LP en el 85 llamada Maratón, por fin llega en el 86 su primer trabajo sigtnificativo, un Música de Contrabando que ya traeremos por el blog. Un disco directo de por medio llegará en el 88 A tu Alcance y todo el mundo conocerá a Danza Invisible. Barreran comercialmente con Sabor de Amor y llenarán recintos y coparán listas durante años.

Comentaba en el arranque del post que Danza me había vuelto aquel mes de Agosto en que acudí a la feria de Málaga a través del tiempo y de la gente. Lo del tiempo se explica porque estoy hablando de, no me hagan mucho caso, el año 2005 o 2006 más o menos. Lo de la gente es porque un colega y yo nos quedamos en el ferial hasta donde marca el reglamento, es decir, la alboreá.
Tras ella nos acercamos a la puerta de entrada y nos pusimos en cola para los taxis (burgueses que somos algunos oiga). El caso es que en la acera de enfrente estaba la parada de los autobuses y en el suelo se sentaban corrillos de personas tan cansados y tan entretenidos como nosotros. Unas chavalas comenzaron a cantar una canción de los Danza y como si se tratase de algún efecto contaminante los corrillos de al lado comenzaron a corear el estribillo. En un efecto situado en el punto medio que va de la verguenza ajena al "voy a creermelo todo", aquella gente comenzó a cantar a los Danza durante unos minutos. Tres, cuatro temas quizás. Luego llegó nuestro taxi y nos sumergió en el amanecer sordo y largo del amante del vino nocturno.
Fue mi último encuentro con ellos, aunque fuese indirecto.

Consecuencias varias de aquel A tu Alcance, fue mi acercamiento a Van Morrison. Otro punto más a su favor. Y van mil.

Cosas buenas a tod@s.


sábado, 9 de marzo de 2013

El principio, desde el final

Podría empezar de mil maneras esta historia y todas acabarían visitando los mismos bares, los mismos rincones oscuros. Las voces de hace veinte años, o quince. Los recuerdos de canciones de hace veintisiete, o treinta. Ruleta Rusa, Juez y Parte. 
En mi larga historia de encuentros y desavenencias con Joaquín Sabina, Don Joaquín, un re-encuentro tuvo especial valor. Todo dicho porque aquí servidora repitió los discos mayores y menores hasta 19 días y 500 noches hasta decir basta. El encuentro posterior significó un jarro de agua fría. Por eso este enésimo cruce en el camino me trajo a un Sabina clásico de Mentiras Piadosas.


Hay un sonido que nada tiene que ver con la excelencia sino con la parte más emotiva, y éste sonido de Garcia de Diego y Varona, dando carne crepuscular y cálida a los esqueletos del de Úbeda, forma parte del principio. De una impronta heredada, cultivada, potenciada y finalmente transmitida.

Cuando me encontré Tiramisú de Limón escribí esto a una vieja amiga:

Hace 8 años vivía en "la capital", muy cerca de Bravo Murillo. y hacía como que conocía Madrid. y escuchaba canciones de los 80 en bares trasnochados del año 2000. y recorría la bruma de la Castellana de Rot sin saberlo. y bajába a la hora de comer a la Latina por Tirso de Molina. y soñaba con melodías imposibles de Pancho Varona. y Antonio García de Diego no era un pintor de cámara de Fernando VII. y todo el asfalto de Príncipe de Viana me cabía en la palma de la mano. y estaba lo más alejado posible de volver a decirte "Sabina ha sacado un disco". 8 años después vivo cerca de la "ciudad condal". y hago como que conozco Barcelona. y escucho canciones de Franz Ferdinanz en pubs modernistas del Borne. y paso por la Plaça Lessep sin que lo sepa Serrat. y bajo a la hora de comer al Mercat de Santa Caterina por el barrio gótico. y sueño melodías imposibles de los Sunday Drivers. y Tom Waits no es un enlace sindical de la SEAT. y todo el asfalto húmedo de la Diagonal no se me pega al riñón, y estoy justo al ladito de decirte "Sabina ha sacado un disco"... pues eso abogada, que Sabina, ha sacado un disco. y que no te lo compres, que ya te lo compro yo.
 Y vaya si se lo compré.

Por un sonido único.

Cosas buenas a tod@s.

domingo, 24 de febrero de 2013

Aktitud

Lo primero que se me vino a la cabeza al rescatar el primer disco de Kortatu fue la fiesta. Sé que esto sonará fatal a todo aquel que se haya sentido identificado con la parte más reivindicativa y nacionalista del combo euskaldun, pero yo no había nacido en la Euskadi de los primeros setenta ni era muy permeable a comprender los problemas de otros por aquella época. Don Vito y la revuelta en el frenopático o Sarri, sarri constituyeron la banda sonora con la que comencé a beber kalimotxo y a comprender que en la vida se podía tener una actitud diferente de la que nuestros padres nos habían contado. Era como andar escuchando a The Association y que cayese en tus manos un disco de The Rolling Stones.
Pero además la banda sonora no era oscura, o lúgubre. No sonaba a descenso a los infiernos. Era festiva, clara, optimista, abierta, alegre. Era perfecta. Por eso la oíamos todos.

Treinta años después, su escucha rescata esa sensación primera, es cierto, pero la edad permite realizar una segunda escucha sobre los temas. Esa que ningún punk que se precie soportaría.Esa postura que ya dejan bien criticada en el tercer corte de la galleta, La Cultura. Pero la he hecho. He pecado de todo lo que uno puede pecar cuando hace esa segunda lectura sobre un trabajo así, de soberbio, de pedante, de torero de salón, de burgués reprimido... pueden escoger lo que deseen.


El caso es que la conclusión primera a la que llego es que ya no se hacen discos así. Y me duele que así sea. Ya no hay gente como Fermín Muguruza, quiero decir con la edad y la (permítanme el palabro) aktitud que Fermín, su hermano Íñigo Muguruza y Treku Armendáriz tenía cuando sacaron esto a la calle. La situación por la que atravesaba el País Vasco tras la llegada de la democracia era ciertamente caótica. Con un estado político muy atomizado, especialmente en lo que a izquierda se refiere. Con una identidad nacional entendida de forma muy diferente por distintas capas de la sociedad. Con una crisis económica unida a un incremento de la demografía que no ayudaba a estabilizar la vida de las personas. Pero, miremos bien de lo que hablamos, ¿no podríamos acaso encontrar algunas de estas características en la España actual?. Sin embargo no me he cruzado aún con ningún grupo protesta al nivel de estos Kortatu, o de unos Cicatriz, por no hablar de unas Vulpess. Ni siquiera algo parecido a unos primeros Barricada. No he oído que haya una nueva oleada punk, un neo-punk en castellano salido de las comunidades con mayor tasa de paro y corrupción. Por eso digo que no queda ya gente como Fermín y los suyos. Hay más gente que es como yo.

Pero tuvimos a Kortatu. Y Kortatu personifica una forma de entender la vida como músico. Lejos de las majors, de los grandes festivales, de los concursos de televisión. Los Kortatu, como decenas de grupos hermanos, midieron el asfalto de Euskadi y aledaños hasta conocerse cada centímetro de carretera. En actuaciones reducidas, dándose a conocer gracias al boca a boca de sus seguidores. Moviéndose con convicción política, sin duda, pero también con amor a la música. Las canciones de este Kortatu, su primer LP, son trallazos que, para mi sorpresa, han aguantado increiblemente bien el paso del tiempo. El disco me sigue sonando fresco. Algunos temas podrían haberse grabado el mes pasado. Se queda uno con las ganas de escuchar en sus letras referencias a sombríos personajes que nos trufan la actualidad en los diarios a día de hoy.
En ese aspecto los Kortatu se aproximaban a la filosofía de unos Clash como portavoces de la crítica socio-política. Se decía de Strummer, Jones y los suyos que si te leías los titulares de la prensa, ya sabías de qué iban a ir las letras de las canciones de su siguiente trabajo.

Kortatu, el disco, fue el primer larga duración de los vascos, justo después de un trabajo ya mítico conocido como el disco de los cuatro, una edición del mismo año (1985) en que el mismo sello (Soñua) agrupaba temas de éstos junto a Cicatriz, Jotakie y Kontuz Hi!. Y creo que no erramos mucho el tiro si le etiquetamos de disco de referencia del rock nacional. En él se han mirado muchos grupos después. Copiando líneas de bajo de algunos de sus temas, imitando la actitud y el desenfado (que no la falta de atención ni compromiso) en la ejecución. Es un disco que hay que escuchar, pero sobretodo es un disco que hay que vivir. Acercarse a alguna fiesta de un pueblo del norte, lograr que el cuñado de una vecina le meta a uno en su peña, cargarse de razones espirituosas para aguantar el vendaval, y acercarse, pasada la medianoche, al concierto que dan unos chavales en la plaza del ayuntamiento. A poco de suerte que se tenga, alguna versión caerá. Será lo más cerca que, a día de hoy, se pueda estar de aquello.

Se me agolpan las ideas en la cabeza y no quisiera dispersarme. Se me vienen ganas de hablar de la escena del llamado Rock Radical Vasco, o del papel y la evolución del mismo Fermín a través de diversas formaciones posteriores, pero dejaré esos particulares para futuros posts.
Unas palabras antes de marchar para dar paso al Sarri, sarri: un ska trepidante acerca de dos presos etarras que se escapan de una prisión. Una versión acelerada del Chatty, chatty de Toot and the Maytals. Escúchenla de fiesta. Suena mejor.

Cosas buenas a tod@s.






domingo, 17 de febrero de 2013

Canciones raras

Decía el protagonista del post de hoy: Yo no sabía que hacía canciones raras hasta que me lo dijeron.
Y, a estas alturas de la película, no puedo evitar la sonrisa al escucharle. Porque justamente eso fue lo primero que pensé acerca de su música cuando me la presentaron.
Luego pasé un tiempo intenso machacándola. Aproximadamente toda la primera mitad de los 90.
Se llama Silvio Rodríguez, es una piedra de base de la Nueva Troba Cubana y es, por encima de otras cosas y básicamente, cantautor.

Hace un tiempo mencioné a Pablo Milanés por culpa de uno de sus temas, Para Vivir, una canción cruda pero directa. Si la música de Pablo me acerca más a la imagen, la de Silvio me trae más a la literatura, a la abstracción y a la libre interpretación que la de aquel. Y hoy me apetecía traerle al blog a raíz de un pequeño documento cubano que encontré en youtube y que dejaré enlazado al pie de estas líneas.

Si no conoces a Silvio y le escuchas por primera vez posiblemente te pase lo que suele ocurrir con gente como Neil Young. Su voz aguda, su melismática forma de cantar, puede que te distraiga. Hay que reposarlo. Dejar que pasen un disco tras otro sus diferentes temáticas. Romper ese muro que a menudo encontramos desde este lado del Atlántico para comprender sin caricaturizar las músicas del otro lado. Por sus sones antiguos, por su simplicidad instrumental, por sus letras. Pasa cuando intentamos traducir un rock'n'roll de los 50 y pasa cuando, sin traducción, atacamos un tema cubano, nicaraguense, chileno (lo que me recuerda que tengo otra entrada en el "debe" del blog).

Roto ese prejuicio, digerida esa sonoridad y esa lírica, aparece entonces al autor sensible (que no cursi), el letrista fantasioso, más sofisticado de lo que a primera vista parece. Un constructor de melodías especiales. Cuando una canción de Silvio logra encontrar el camino desarrolla un juego irrepetible.

Y hoy quería traer el blog uno de sus temas. No el más conocido, ni el más complicado. No es ni su mejor melodía ni su letra más conseguida, pero, veréis, a veces las cosas tienen que encajar de forma que te hagan volver la vista hacia un sitio determinado. Las razones son infinitas. Un vacío, una crisis, un viaje sin vuelta atrás... o una causa más inevitable, mundana y desconcertante, caer enamorado.

Me quedan muchos caminos por andar. Éste no. Este lo pisé hasta que pude. Y no me da la gana de sacudirme del todo el polvo de las botas.

Cosas buenas a tod@s.



Documental: Que levante la mano la guitarra.
Parte 1
Parte 2
Parte 3
Parte 4

sábado, 26 de enero de 2013

Bloqueos mentales

No sé si os pasa o es cosa mía. Como no creo tener un cerebro ni especial ni diferente estoy convencido de que os pasa. Aunque sea de tanto en tanto.
Estais detrás de un dato, digamos... el intérprete de un tema que escucháis de repente. Aunque el tema sea superconocido. Pongamos por caso Year of the cat. Fácil no?.
Bueno, pues en ese momento alguien del grupo suelta un nombre de un artista. Pongamos que dice Cat Stevens (que supongo se le viene a la mente por lo de "cat").
Ahora va un tercero que cree que, dulce inocencia que nos traes la felicidad, conoces algo de música y te espeta "no, Cat Stevens no, quien cantaba esto?". Y zas!, mente bloqueada con el nombre de Cat Stevens.

Con esta canción me ha perseguido siempre la maldición. Mi padre la tenía en un disco y yo me quedaba con el apellido del intérprete. Como el cantante más famoso que conocía con el mismo apellido era otro, durante un tiempo no me podía creer que quien yo decía que interpretaba la canción la estuviese interpretando con una voz tan diferente a la que tenía quien yo decía quela cantaba (vaya lío), pero claro, lo decía la portada del disco.

Luego me lo tomé algo más en serio y aprendí a distinguir entre Al Stewart y Rod Stewart. Y, manda huevos, aún así hace unos días descubría que el nombre de Cat Stevens me lo sepultaba bajo una losa.

La anécdota es insignificante pero real, y me vale como excusa para traer al blog esta canción.

Y esta canción, aquí viene la parte buena, tiene una preciosa (aunque trágica) historia detrás.
Year of the cat tuvo un pretérito en un tema que Stewart compuso varios años atrás. Se llamaba Foot of the Stage. Stewart presenció un espectáculo de un cómico inglés conocido a nivel local (hablo a nivel de Inglaterra, con espacio en la BBC y todo) llamado Tony Hancock. Hancock era un tipo con una vida complicada, sobretodo en su etapa final, donde el alcohol jugó un papel importante. Aquel día, con Stewart en la platea, un Hancock derrotado se dirigió a la audencia del teatro donde actuaba desnudando su alma, ofreciendo la verdadera cara del hombre que hacía reir. Explicó lo derrotado y perdedor que se sentía, la existencia profundamente hueca que vivía. El público, asumiendo el discurso como parte irónica de un personaje, reía mientras el actor abría su conciencia en escena. Aquello fue en el 66. Acabó suicidándose por sobredosis en el 68. Stewart siempre creyó, aquella noche, las palabras sinceras del cómico. Eso le llevó a escribir la canción.

Más tarde decidió no sacar partido de la tragedia y volvió a escribir la letra junto a Peter Wood un teclista inglés de los que trabajó en la sombra tras nombres como Pink Floyd o incluso Bob Dylan.
No quedó ni rastro en ella de la historia original que motivó la melodía.

Un detalle de esos que suelen olvidarse, la grabó en los estudios de Abbey Road un ingeniero llamado Alan Parson.

Por favor, disfrútenla, es seda para las orejas.

Cosas buenas a tod@s.


lunes, 7 de enero de 2013

El hijo afortunado

Algunos tipos nacen
para ondear la bandera.
Oh, son rojos, blancos y azules
Y cuando la banda toca “Hail To The Chief”
te apuntan directamente con su arma.

No soy yo,
no soy yo,
no soy el hijo de un senador.
No soy yo,
no soy yo,
no soy yo el afortunado.

Algunos tipos nacen
con una cuchara de plata en la mano
Señor, acaso les falta algo?
pero cuando el inspector de hacienda toca a la puerta,
Señor, la casa parece un mercadillo de segunda mano.

No soy yo,
no soy yo,
no soy el hijo de un millonario,no.
No soy yo,
no soy yo,
no soy yo el afortunado.

Alguna gente hereda
ojos trufados de estrellas,
Oh, ellos te mandan a la guerra.
Y cuando preguntaste,
¿cuánto deberíamos dar?
su única respuesta fue: "más, más, más"

No soy yo,
no soy yo,
no soy el hijo de un militar,no.
No soy yo,
no soy yo,
no soy yo el afortunado.

No soy yo,
no soy yo,
no soy yo el afortunado,no.
No soy yo,
no soy yo,
no soy yo el hijo afortunado.


Ya tardaba en traer a la etiqueta lyrics este himno pacifista, inmenso rock'n'roll donde los haya que parió John Fogerty y su Creedence Clearwater Revival en pleno tumulto y debate sobre qué hacian los USA en la Guerra de Vietnam, a cientos de millas de casa. El sinsentido recurrente de la guerra. Ese que pensamos por momentos que hemos dejado atrás y que, sin embargo, vuelve a nosotros como parte inherente de la contradiccion humana.

Pero no es meramente anti-belicista. La canción pone el dedo sobre la llaga de la diferenciación social. Abriendo el cajón de las palabras incómodas para una clase acomodada que aprovecha sus contactos para evitar el conflicto a sus hijos mientras la clase trabajadora los ve marchar al frente. A defender precisamente las riquezas y el modus vivendi de los primeros.
El hecho de que se mencione en la letra "no soy el hijo de un senador" no es gratuito. Fogerty quiso referir un caso concreto, el de David Eisenhower (nieto del presidente Eisenhower), que ya salía con la que sería a la postre su mujer, Julie Nixon (hija del presidente Nixon). El autor sabía perfectamente lo que quería señalar y denunciar.

Como otros temas en un sentido parecido (traeremos bajo esta misma etiqueta el Born in the USA de Bruce Springsteen), Fortunate Son ha sido confundida con una canción pro-americana. Y no sólo fuera del ámbito anglosajón y debido a un problema idiomático. Campañas publicitarias han utilizado la melodía con sesgos de la letra para promoción de artículos tan yanquis como unos pantalones vaqueros. Leo que hay un problema detrás de esta utilización. Fogerty perdió los derechos sobre sus canciones tras la firma, durante una complicada etapa a nivel económico, de un leonino contrato con Fantasy Records. El mismo dejaba los derechos de los temas lejos del alcance de la CCR siempre y cuando no fueran ellos los que los interpretasen. Algunos sí que han sido los hijos afortunados de este asunto.

La canción ve la luz en el álbum Willy and the Poor Boys, del 69 y fue single junto a Down on the Corner. Como anécdota, el mismo Fogerty contaba que su desgarrada voz en esta grabación viene de la larga sesión que tuvo precisamente con Down on the Corner antes de ponerse con el tema.

En ocasiones hablo más de música. Hoy me apetecía contar el trasfondo de la letra de esta enorme canción. Temazo donde los haya. Para lyrics, pero también para himnos. Una de las de la isla desierta.

Cosas buenas a tod@s.

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Some folks are born
Made to wave the flag
Oh, they're red, whit and blue.
And when the band plays "Hail to the chief",
Oh they point the cannon right at you.

It ain't me
It ain't me
I ain't no senator's son
It ain't me
it ain't me
I ain't no fortunate one

Some folks are born
Silver spoon in hand
Lord, don't they help themselves
But when the tax man comes to the door
Lord, the house looks like a rummage sale

It ain't me
It ain't me
I ain't no millionaire's son no
It ain't me
It ain't me
I ain't no fortunate one no

Some folks inherit
Star-spangled eyes
Oh, they send you down to war
And when you asked
"How much should we give?"
Their only answer "more, more, more"

It ain't me
It ain't me
I ain't no military son
It ain't me
It ain't me
I ain't no fortunate one

It ain't me
it ain't me
I ain't no fortunate one no
It ain't me
it ain't me
I ain't no fortunate son

domingo, 16 de diciembre de 2012

Las imágenes llegaron y rompieron tu corazón

Te escuché hace tiempo en la radio, en el 52,
recostado despierto, atento al sintonizar contigo,
aunque era joven, eso no impidió que me llegaras.

Se llevaron el mérito por tu segunda sinfonía,
reescrita por una máquina y nueva tecnología,
y ahora entiendo los problemas que puedes ver.

Me encontré con tus hijos,
¿Qué les dijiste?

El vídeo mató a la estrella de la radio,
el vídeo mató a la estrella de la radio,
las imágenes llegaron y rompieron tu corazón.

Y ahora nos encontramos en un estudio abandonado,
escuchamos la grabación y parece que hace tanto tiempo,
y tú recuerdas que la melodía decía... oh, oh.

Tú fuiste el primero,
tú fuiste el último.

El vídeo mató a la estrella de la radio,
el vídeo mató a la estrella de la radio.
En mi cabeza y en mi coche,
no podemos rebobinar, hemos ido demasiado lejos.

El vídeo mató a la estrella de la radio,
el vídeo mató a la estrella de la radio,
En mi cabeza y en mi coche,
no podemos rebobinar, hemos ido demasiado lejos,
las imágenes llegaron y rompieron tu corazón,
échale la culpa al grabador de video.

Eres una estrella de la radio,
eres una estrella de la radio,
el vídeo mató a la estrella de la radio
el vídeo mató a la estrella de la radio
el vídeo mató a la estrella de la radio
el vídeo mató a la estrella de la radio
eres una estrella de la radio,
eres una estrella de la radio,




Video original aquí.

El primer dia de agosto de 1981 comenzaba sus emisiones el canal musical televisivo MTV. Y lo hacía con el vídeo que, sobre este tema, hicieron Buggles (no el que se puede visualizar arriba de estas líneas sino el que viene enlazado a su pie. La razón de no colocar el original aquí es que la calidad del audio de la canción es menor).

Este es uno de esos capítulos que se mencionan en cualquier historia general de la música popular que se precie. No es el nacimiento del videoclip, pero sin duda es el hito (el "milestone" que tanto gusta a los anglosajones) que marca el uso del mismo como medio de exposición y promoción de un single. Y el título, ni hecho a medida: el vídeo mató a la estrella de la radio.


No la mató, es evidente. La era digital precisamente, contra lo que muchos pudieron haber pensado en aquellos setenta a punto de expirar y unos ochenta en ciernes,  ha significado el afianzamiento y la proliferación de radios en diversos formatos. Internet ha universalizado su uso y agrandado hasta la saturación la oferta. Al final se comprobó que el vídeo y la radio podían vivir juntos.

Pero volvamos a la canción. La compusieron entre Trevor Horn y Bruce Wooley. El primero, alma base de Buggles, estaba literalmente harto de andar buscando un mínimo de calidad en un grupo al que producir. Hay declaraciones de él hablando directamente de que en la época de surgimiento del punk y el DIY aparecieron centenares de grupos formados por chavales idiotas que no tenían la más mínima idea de utilizar sus instrumentos y que todo lo basaban en haber buscado un nombre más o menos interesante y con cierto gancho. Cansado de esa situación, se decidió a realizar e interpretar su propio material.

Así las cosas se unió con Geoff Downes y formó Buggles. Más tarde, en repetidas ocasiones, se ha arrepentido del ridículo (en sus palabras) nombre que le puso al grupo (algo que me ha costado acabar de traducir pero que vendría a ser algo parecido a "Los Cornetas"). Él que tantos nombres chulos había encontrado en aquellas fallidas producciones con anterioridad. Ironías de la vida.

El caso es que ambos (Horn y Downes) comienzan a trabajar material junto a Wooley y acaban sacando unos cuantos temas. Wooley, que nunca se había sentido parte de Buggles al cien por cien, decide marchar con un proyecto alternativo llamado The Camera Club, y se lleva consigo los temas en los que había intervenido en la creación (entre ellos el que hoy nos ocupa). Por este motivo, separado relativamente poco en el tiempo, aparece este corte en un álbum de Buggles (The age of plastic) y en uno de The Camera Club (English Garden). La versión de Buggles arrasará y dejará la de Wooley por separado como una anecdota que, a día de hoy, hace dudar del origen del corte.

Tema que, como mito que es, ha sido versionado hasta la saciedad por multitud de bandas y artistas, con mayor y con menor fortuna, todo sea dicho. A mí se me gravó ese comienzo a fuego en la memoria (y en la retina) y por tanto soy pelín taliban respecto a la versión de Buggles y sus covers.
Porque, esta vez sí, yo estaba ahí cuando pasó.

Cosas buenas a tod@s.

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I heard you on the wireless back in fifty two
Lying awake intent at tuning in on you
If I was young it didn't stop you coming through

They took the credit for your second symphony
Rewritten by machine and new technology
And now I understand the problems you can see

I met your children
What did you tell them?

Video killed the radio star
Video killed the radio star
Pictures came and broke your heart.

And now we meet in an abandoned studio
We hear the playback and it seems so long ago
And you remember the jingles used to go... oh, oh

You were the first one
You were the last one

Video killed the radio star
Video killed the radio star
In my mind and in my car
We can't rewind we've gone too far

Video killed the radio star
Video killed the radio star
In my mind and in my car
We can't rewind we've gone to far
Pictures came and broke your heart
Put the blame on VTR

You are a radio star
You are a radio star
Video killed the radio star
Video killed the radio star
Video killed the radio star
Video killed the radio star
You are a radio star
You are a radio star

jueves, 6 de diciembre de 2012

Un día perfecto.

El blog ha cumplido un año.

Tenía un post pensado donde hablar de las impresiones que sacaba después de este tiempo. De lo escrito, de lo publicado, de lo escrito pero no publicado, de las visitas, de las entradas más y menos visitadas, de por qué no tiene el blog seguidores aún, de los países de donde se recibe más actividad... al final nada. Lo intenté anoche y lo he intentado esta mañana, pero la vida tiene circunstancias que no se escogen y esas circunstancias hacen que uno no tenga ni cinco minutos de paz para sentarse, concentrarse mínimamente, y escribir. El placer de escribir.

Ahora tengo esos cinco minutos, pero tengo también la frustración y el cabreo necesarios para no querer entrar en esos detalles que mencionaba arriba y dejar lo que tenía escrito arramblado en el pozo de los drafts.

Cuando uno se encuentra en este cruce de caminos con forma de cruz invertida que conforman la frustración y la rabia (a niveles ínfimos, burgueses, pero frustración y rabia al fin y al cabo) piensa en qué canción esconderse. Y se me abren dos caminos.
Se puede uno entregar a una descarga que acentúe la sensación, como si de un intento de sacar toda la bilis se tratara. Guitarras poderosas y voces desgarradas. Tempos acelerados y secciones rítmicas atronadoras. Puede uno bucear por el metal o por la parte con más cuero del rock urbano de batalla.
O puede uno decidirse por entregarse a los brazos del cinismo, y decantarse por una melodía pausada y melancólica. Desnuda en su ejecución. Adornada con una voz grave y tediosa, dejada de la más mínima exhibición de sentimiento. Una canción sin melancolía, una mera ejecución de desidia elevada a su máximo exponente.

Hoy, el día del post de las cifras y las felicitaciones, el día en que pinchar el Birthday del álbum blanco, se ha convertido en el día de la mirada oblicua y el gesto adusto. Como cuando toca madrugar para acudir al trabajo después de una noche de concierto. Por suerte algunos de mis días duran veinticuatro minutos. E, incluso cínico, un día puede resultar perfecto.



Cosas buenas a tod@s.



domingo, 2 de diciembre de 2012

¿La segunda banda más importante de la música popular?

Leí una vez, no recuerdo exactamente en qué libro, que The Velvet Underground había sido la banda más influyente de la historia en lo que a música popular se refiere. Para alguien acostumbrado a escuchar el nombre de The Beatles sobre la misma sentencia, la cosa no dejó de tener su impacto visual.
En otro tiempo, en otro lugar, leí que la línea pasaba de Elvis Presley a The Beatles, y de éstos a la Velvet. No había habido nadie, quizás un reconocimiento "oficioso" (como si no lo fuera toda esa clasificación) ex-aequo a Michael Jackson, que hubiera influido de forma tan decisiva en la musica hasta el punto de girar su dirección de avance.

Y tomo este punto de partida porque creo que, de los cuatro nombres mencionados arriba, el de la Velvet es el menos conocido. No tanto por no haber escuchado el nombre en sí mismo, sino por haberse acercado a su música, a su especial y particular sonido. Hoy, por eso, quería acercarme un poquito a la Velvet, y hacerlo, además, a su lado más amable.

Es tremendamente complicado sino imposible que alguien sea completamente independiente. Creo que la razón última se encuentra en la propia naturaleza de nuestro cerebro. Nos pasamos los primeros años de nuestra vida aprendiendo y asimilando todo lo que nos rodea. La información es práctica, nos ayuda a la misión primordial que tenemos, sobrevivir. Seguramente ese patrón nos marca de por vida. Impermeabilizarse a los estímulos del entorno puede ser más perjudicial para nuestra psique que el digerirlos y transformarlos en productos más o menos personales tras filtrarlos por nuestro propio tamiz. (ese que hemos fabricado, a su vez, fijándonos en los tamices de otros).

Por eso mismo había vida antes que Elvis, y antes que Lennon, y antes que Reed. Y fue la influencia de esa vida la que les permitió desarrollarse. Todos tenemos ídolos y modelos. Incluso los nuestros a su vez.

Hoy no toca hablar de Elvis ni de los "sin ritmo", de forma que diremos que la Velvet Underground tuvo un origen en el tiempo anterior a su formación. Una primera transformación del sonido en la que cabe anteponerse a los primigenios acordes garageros de grupos como The Sonics o The Seeds para acabar en la maravillosa eclosión que significaron The Stooges en Detroit (sin olvidarnos, sin salir de la Motor City, de los MC5). El objetivo era transformar el sonido. Más que transformarlo, ensuciarlo. Preguntarse por los límites de los propios instrumentos y probar de llevarlos hasta ellos. Eso es evolución. Modificar las frecuencias, alterar las afinaciones, probar y trabajar, y trabajar.

Todo esto estuvo en el ánimo de Lou Reed y John Cale, uno de esos encuentros fortuitos a los que estar eternamente agradecidos. La conexión Reed-Cale (que en seguida sumó la ejecución personalísima de Sterling Morrison) permitió un producto que, si bien no alcanzó en sus inicios la repercusión social que a día de hoy tiene (incluso con la mediación de Andy Warhol de por medio), sí abrió las orejas y el resto de los sentidos a sucesivas generaciones de músicos por venir. Decía Brian Eno que si bien del primer trabajo de la Velvet se vendieron tan solo treintamil copias, cada uno de los que se había hecho con una había formado su propia banda.

Como decía, se trata de un primer apunte, así que no ahondaré más. Vendrán más cosas de éstos en un futuro. Pero decía también que me gustaría comenzar por su cara amable. La de sonidos mucho más inmediatos. Posiblemente empezar así contradiga la apertura de boca de lo escrito arriba, pero siempre me atrajo la idea aquella que me contaba un colega dibujante: Mondrien pintaba cuadros de colores porque ya había dibujado demasiadas manos. Traducido, una cosa es sonar distorsionado porque no sabes hacerlo de otro modo, y otra diferente es sonar distorsionado porque el tocar en tono ha dejado de transmitirte nada.

Una cancioncita muy de domingo por la mañana. Como la despejada y fría estampa que tengo hoy al otro lado del vidrio de la ventana. Un pequeño himno.

Cosas buenas a tod@s.


viernes, 23 de noviembre de 2012

Mejor solo que mal acompañado

Tengo un caso curioso con un tipo que se llama Jakob Dylan. Seguramente el lector sabe de sobra de quién hablo, pero peco de simple y me gusta, si antes no lo he mencionado en el blog, no dar nada por supuesto y explicarlo.

Este señor Dylan tiene mucho que ver con el "otro" señor Dylan, perdón, con "EL" señor Dylan por excelencia, Mr Bob. Es hijo suyo.

He leído algunas disertaciones acerca de qué necesidad tenía Jakub de utilizar el apellido postizo de su progenitor. Que utilizase el natural hubiera sido algo, cuanto menos, irreprochable. Recurrir al artístico desprende cierto tufillo de oportunismo comercial. Por alguna razón absolutamente infundada y falaz creo que no es el caso. No puedo aportar ni un solo argumento racional, pero me da que va más en la línea del reconocimiento y el homenaje que en la del rédito económico. No creo que al joven Jakub le hayan faltado nunca por la mañana los copos de maiz azucarados nadando en el bol de leche.

El problema musical viene cuando cae en mis manos un disco de un grupo llamado The Wallflowers. Es mi primer encuentro con él. No diré que decepcionante. Sería poco decir. Ha sido de los discos que más frío me han dejado en los últimos cinco o seis años. Hasta tal punto llegó que me deshice de él. No lo quería ni ocupando espacio en mis estanterías ni bytes en mis Ipods. Los tópicos existen porque hay momentos en que encajan a la perfección. Este era uno de ellos.
Como la rectitud moral es algo muy castellano y yo sólo tengo un 33% de castellano, me dejé caer en las frases más perversas hacia la figura de la descendencia del bardo.

Pero bueno, hasta San Pablo cayó del caballo. Yo me caí de bruces y abrí un surco con las paletas sobre la tierra. El empujón me lo dió un disco llamado Seeing things  (como la canción de los Cuervos)


Y vi la luz.

Olvídense de Wallflowers y puñetas y escuchen este trabajo. Olvídense del apellido y de la persona y déjense embaucar por este puñado de preciosas canciones. Uno mira sin querer los créditos y, oh no!, otra vez!, uno de nuestros barbudos favoritos a los mandos, it's Rick Rubin again.

Me gustan todas, de principio a fin, pero no es éste un post de disco sino de personaje.

Si no lo conocéis buscadlo, si lo tenéis rescatadlo, o dadle una primera escucha en Spotify aquí si sois de los que, como servidor hizo, mantenéis vuestras dudas respecto a lo que puede dar de si "el hijo de".

La pregunta es necesaria, después de esto, por qué vuelve a grabar con los Wallflowers? Este falsario no lo comprende. Espero que, al menos, mantenga los dos proyectos en paralelo. La prueba es un segundo trabajo, Women + Country, pero ese lo tengo aún en la recámara.

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 18 de noviembre de 2012

Versión de lujo

Todo el mundo me está hablando
No oigo una palabra de lo que están diciendo
Sólo los ecos de mi mente
La gente para y mira
No puedo ver sus caras
Sólo las sombras de sus ojos

Me voy donde el sol sigue brillando
A través de la lluvia torrencial
Yendo donde el clima se adapta a mi ropa
Dándole la espalda a los vientos del noreste
Navegando en la brisa de verano
Y saltando sobre el océano como una piedra
Me voy donde el sol sigue brillando
A través de la lluvia torrencial
Yendo donde el clima se adapta a mi ropa
Dándole la espalda a los vientos del noreste
Navegando en la brisa de verano
Y saltando sobre el océano como una piedra

Todo el mundo me está hablando
No oigo una palabra de lo que están diciendo
Sólo los ecos de mi mente
No permitiré que dejes mi amor atrás
No, no permitiré que dejes
No permitiré que dejes mi amor atrás


Hubo un tiempo (hablo de hace más de 20 años) en que tuve la osadía de pensar que esta era una de las dos mejores canciones que se habían escrito jamás. La otra era el Like a Rolling Stone de Dylan.
Con esto quiero decir que sentimentalmente me une mucho a esta canción. 
La escuché por primera vez en una furtiva visión pre-adolescente de Cowboy de medianoche (Midnight cowboy, John Schlesinger, United Artist, 1969) lo que imagino la confirió de la visión subjetiva de lo prohibido.

El tema se llama Everybody's talking y esta versión (la de la peli) la interpreta Harry Nilsson. Sin embargo el tema no es suyo, lo había compuesto tres años antes Fred Neil, un cantautor folk americano que pasó la mayor parte del tiempo escribiendo canciones para otros, una parte importante de ellas en lo que fue el Brill Building de Nueva York (no se me puede escapar hablar del Brill Building un día).
Este tema no estuvo pensado para que lo interpretara Nilsson, de hecho salió publicado en un trabajo del propio Fred, pero la versión de Nilsson para la película lo catapultó al conocimiento masivo.

Una peli meritoria y una versión a la altura.

Cosas buenas a tod@s.

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Everybody's talkin' at me
I don't hear a word their sayin'
Only the echos of my mind
People stop and stare
I can't see their faces
Only the shadows of their eyes

I'm goin' where the sun keeps shinin'
Through the pourin' rain
Goin where the weather suits my clothes
Bankin off of the northeast winds
Sailin on summer breeze
And skippin over the ocean like a stone
I'm goin' where the sun keeps shinin'
Through the pourin' rain
Goin where the weather suits my clothes
Bankin off of the northeast winds
Sailin on summer breeze
And skippin over the ocean like a stone

Everybody's talkin' at me
Can't hear a word their sayin'
Only the echos of my mind
I won't let you leave my love behind
No i won't let you leave
I won't let you leave my love behind

viernes, 16 de noviembre de 2012

... y nació el "rock torero"

O al menos así le dió a Umbral por llamarlo.

Corría el año 1982 y el sello Tic Tac decidió editar un mini álbum recogiendo cuatro cortes de dos grupos punteros, gamberros e imaginativos del momento. Uno de esos grupos era Parálisis Permanente, el otro, el del rock torero, se llamaba Gabinete Caligari.

Y Gabinete lo formaban tres de los rockeros más emblemáticos que dió la época dorada del rock ibérico de finales del siglo XX, a saber: Jaime Urrutia (voz, guitarra), Ferni Presas (bajo) y Edi Clavo (batería).

No es el post de hablar de Gabinete. Es el post de hablar de ese primer trabajo que se editó de ellos, aquella cosa extraña junto a Parálisis en la que cada grupo colocó dos temas. En concreto de su tercer corte. Los Parálisis de Eduardo Benavente aportaron con Autosuficiencia y Tengo un pasajero, y los Gabinete con el tema que traigo hoy, Golpes, y con Sombras negras.

A estas alturas de la película me cuesta creer que alguien de más de 35 no haya escuchado Golpes por lo menos dos o tres veces en su vida, pero todo es posible. Una canción rompedora que ahora costaría seguramente sacar adelante, pero que en su tiempo se incluye dentro de una ola de libertad creativa y de iconoclasia radical. De las dos grandes temáticas caligarianas de los comienzos (sado y fetichismo castizo), Golpes se enmarca claramente en la primera. Provocación como vehículo.

De este álbum se editaron tan sólo mil copias. Se acabaron en un abrir y cerrar de ojos. Eso hizo que uno de los que sería sello emblema en su carrera, Tres Cipreses, decidiera re-editarlo. Por alguna razón que desconozco no repitieron la portada y acabó saliendo una fotografía diferente. En ambas dos figuras encontradas, dos especie de saleros-robot en la primera (o eso me ha parecido siempre a mi) y dos freakis de circo en la segunda. De glorioso blanco y negro ambas.

Imagen Imagen


Me gusta mucho el sonido de la guitarra en esta canción, así como lo delante que va el bajo. Se escucha perfectamente a los tres. Debe de ser eso que llaman algunos power trio, la mejor fórmula para el rock. Pero dejar que me regodee en la vocalización de Jaime. Enorme. Antes de que el estado actual copase todo (ando esperando la nueva ola punk que desmonte el tenderete que el indie nos tiene montado en la arena de la playa) había quien cantaba en este país haciendo gala de estar cantando. Leía el otro día a Loquillo en el Ruta diciendo que ya no quedan estrellas del rock, y añado yo: se ha matado al front-man. Es una pena, porque creo en el front-man, creo en Elvis, pero creo también en Javier Gurruchaga o en Alice Cooper. No es que odie el concepto actual, me cansa la homogeneidad (por extensión) de la propuesta.

Por eso, de vez en cuando, me pongo un disco de los Gabinete y recuerdo tiempos en los que la cosa daba más juego.

Golpes, un himno perverso, no hay duda.

Cosas buenas a tod@s.


sábado, 3 de noviembre de 2012

Una de las mejores canciones jamás escritas

Vereis, yo tuve una vez 16 años. Y tenía un amigo con el que de tanto en tanto me sentaba a escuchar vinilos de flamenco y de los Beach Boys. Sí, así de diferente era la cosa. Pasábamos de esa jota aragonesa tamizada por el saber de Cádiz que son las alegrías al puro sonido pop californiano de los 60. Y por supuesto discutíamos. No estábamos de acuerdo con cual era la mejor melodía. Nunca. Creo que más por el hecho de sobreponer nuestra opinión sobre la del contrario que por ser mínimamente capaces de emitir juicios críticos con base y fundamento.

Con permiso me centraré hoy en el sonido californiano. Otro día hablamos de flamenco.

Mi amigo venía de un sitio con mar. Pasaba sus veranos junto a la playa y luego arrastraba su melancolía durante todo el invierno. Ser de un sitio diferente al que vives te transfiere una identidad específica a la que poder agarrarte cuando se siente el vértigo de parecerte demasiado a lo que te rodea y, por ende, acabar completamente desapercibido. Los Beach Boys significaban su banda sonora particular. Me grababa cintas sobre unos tipos con los que luego no podía hacer nada el resto de las horas del día que no pasaba con él. Nadie los conocía. Nadie los escuchaba. No los pinchaban en los bares. Pero poco a poco me fui acostumbrando a sus canciones, a su personal forma de entender la música, a sus recurrentes temas de chicas, coches, playas, el dorado e idílico panorama de postal de la soleada California. Y empecé a distinguir sus canciones.


Mucho tiempo después mi interés por la música fue más allá de la mera escucha. Y por otros caminos llegué a sitios donde antes me había encontrado sin saberlo. El más evidente de ellos la canción que hoy traigo al blog. Personalmente con la que más me identifico de Brian Wilson y los suyos. Y leí en una ocasión la historia de un loco con una idea en la cabeza. Un obseso compulsivo que se encerró en un sótano con un cuatro pistas y una coda en la cabeza y no paró hasta dar con una composición enorme, livianamente perfecta, un tema que dió alma a un trabajo excelso que se llamó Pet Sounds. Si esa historia que leí describía o no literalmente lo que ocurrió me es igual a estas alturas, prefiero creérmela que conocer la verdad y destrozarla.

Cuando conocí esta canción, cuando la interioricé, no sabía inglés como para comprender su letra. No me quedó otra que inventármela, igual que hacía con el resto de canciones. Y hablaba de cosas cojonudas e increibles. Con el tiempo fui capaz de entenderla. Y, lo reconozco, me llevé una pequeña desilusión. No le había dado yo una temática tan conservadora y republicana. Decidí pues olvidarme de la letra y volver a mis carreteras abiertas, mis atardeceres junto al Pacífico y mis chicas saliendo del agua sacudiendo la cabeza.

Decían dos tipos "sin ritmo" que era el mejor trabajo pop que se había escrito jamás (haz click aquí). Joder, qué razón tenían.

Dije en una entrada hace ya tiempo que un día hablaríamos más en concreto de este tema. Ese día llegó. Una de las de la isla desierta, Wouldn't it be nice. Gran Reserva.

Cosas buenas a tod@s.



jueves, 25 de octubre de 2012

"Vivir para siempre" y un poeta galés

Fue ayer mismo, durante la comida, que una compañera me trajo a la memoria la melodía que a su vez traigo yo al blog. Un tema merecedor del Óscar a la mejor canción original de 1980 homónimo de la película de la que se hacía valedor: Fame.

Fame es un tema que demuestra que si dos tipos con talento se matan trabajando las suficientes horas, es muy complicado que salga como producto de ello alguna cosa mediocre o directamente apestosa. Me refiero a Michael Gore, que se encargó de la melodía, y a Dean Pitchford, que fue el responsable de la letra.
Éste último, sin ir más lejos, tenía la pequeña base para escribir letras de canciones de ser grado en Literatura Inglesa por Yale. Que digo yo que en Yale, para sacarse eso, hará falta algo más que estar en la cafetería jugando al mus.
El caso es que a ambos les cayó el regalo de generar un corte capaz de condensar el espíritu que pretendía transmitir la historia. Comenzó Gore con algunas líneas, una melodía para los coros, y fue trabajando con Pitchford para encontrar las palabras adecuadas que pudieran transmitir la esencia.

Cuenta Pitchford que la versión definitiva de la canción costó un mes entero con sus cuatro semanas donde trabajaban seis y siete días seguidos a una media de seis horas diarias. Cada palabra, cada nota se repetía, se compartía con terceros, se variaba y se exprimía para tratar de dar con el punto perfecto, para sentir que la idea que ambos compartían y que querían transmitir les llenase por igual en la interpretación.
Sólo una vez, en un único verso, las cosas fluyeron automáticamente para encajar a la primera. Dice la letra: "Fame, I'm gonna live forever" (Fama, voy a vivir para siempre). Pitchford recuerda que la rescató de su memoria de su época de estudio en Yale, rememorando el trabajo del poeta galés Dylan Thomas (del que otro famoso bardo tomaría prestado el nombre para incorporarlo al suyo). Hablaba el poeta desde su vida bohemia y gastada que el mayor regalo que un poeta obtiene es el de que a pesar de tener muy probablemente una vida corta (por los vicios a los que se entrega), viviría sin embargo para siempre en las letras de sus poemas.
En cuanto Gore le escuchó cantándolo le paró y le conminó a ponerlo por escrito inmediatamente, había dado con la frase de la canción. Cuenta Pitchford, sabedor de que la frase no era fruto de ninguna casualidad, que podía estar tranquilo, esa frase no se le podría olvidar jamás.

El tema lo interpreta maravillosamente Irene Cara para la versión original (la de la película de Alan Parker del 80), y Erica Gimpel para la versión que encabezó la serie de televisión del 82. Ignoro si se tenía a la Cara ya en mente cuando se escribió, pero tampoco me ha apetecido bucear hasta ese punto.

No puedo hablar objetivamente de esta canción. Crecí con ella. Como tantas otras melodías televisivas del momento se introdujo en mi cotidianeidad, de forma que no puedo distinguir ya lo que es un juicio cualitativo de lo que es mero ADN. En todo caso me gusta, me parece que el objetivo que tenían estos dos quedó saldado a la perfección y que el tema transpira la energía y la ilusión de los jóvenes aspirantes a artista en las calles de Nueva York. Un himno, esta vez mas impuesto que escogido, pero himno en cualquier caso.

Cosas buenas a tod@s.


domingo, 14 de octubre de 2012

Dylan, Johnston y un vuelta inesperada

Todavía no he llegado a ese punto del que otros hablan en que la escucha de un disco de Bob Dylan supone una amarga decepción. Puede ser, no lo niego, porque me queda aún mucho por descubrir del de Duluth, pero sonrío contento de seguir alucinando a través de los sonidos y las letras del que posiblemente sea el cantautor más importante que la música popular jamás ha dado.

Esta semana me paré con atención a escuchar el que fue su octavo disco de estudio: John Wesley Harding. Un trabajo del que conocía (conscientemente) dos temas All along the watchtower y I'll be your babe tonight. Y me he encontrado con un puñado de cortes espectaculares, lejos de cualquier decepción, incluso entrando en la comparación con esa trilogía de cabecera que para mi suponen The freewheeling..., Highway 61 y Blonde on blonde.

Es un trabajo del que se podría escribir largo y tendido si por la labor de apuntar con la linterna a los detalles estamos. Trabajo que produce Bob Johnston, un tejano que ha sido culpable de sonidos de tipos de la talla de Johnny Cash o Leonard Cohen, es decir, por currículum no será. Un tipo que fue el artífice del sonido álbum de la electrificación de Dylan al producir aquel Highway 61 revisited mencionado arriba (donde, casualidad, produjo todo menos el Like a rolling stone). Que siguió en esa linea en el genial Blonde on blonde, y que, cuando menos se podía esperar, acompañó también al autor en una vuelta al sonido acústico que se presenta en este JWH.

Hay quien dice que JWH no significa una vuelta al sonido primigenio de Dylan, que es un salto a otro nivel acústico, más cercano al country y menos en la línea de cantautor protesta del comienzo. Yo no llego a distinguir el matiz hasta ese nivel. En cualquier caso me parece un sonido maravillosamente primitivo, con una presencia brutal de la armónica. Impactante en todos los temas excepto en los dos últimos, más dinámicos, con la presencia de la pedal steel guitar de Pete Drake (Down along the cove y la mítica I'll be your babe tonight). 

Y, si de letras se trata, amigo, éste es tu disco. Contaba la madre de Dylan que se encontraba éste durante esta época, inmerso en lecturas religiosas. Habla de su casa repleta de libros de suelo a techo, apilados por cualquier parte, y de la presencia imponente de un atril con una Biblia abierta en medio del caos, libro al que se acercaba de tanto en tanto para quedarse con una cita, para leer una expresión y extraer algún comentario. No he leído lo suficiente de la "etapa religiosa" de Dylan aunque sí sé de su existencia. JWH sería un disco perteneciente de pleno a esa circunstancia.
Temas como The ballad of Frankie Lee and Judas Priest son para escribir un tratado de ocultismo, cábala y asociaciones secretas. Si no os habéis parado a leer su letra lo recomiendo. El Dylan más enigmático y hermético se encuentra aquí. Una parábola de la que cada uno puede sacar sus propias conclusiones (incluso a pesar de que el propio cantautor nos deje su moraleja en el último párrafo: "Uno no debe de estar donde no pertenece").
Se habló y se ha escrito mucho acerca del aspecto inciciático de este trabajo, incluso interpretando las iniciales del nombre del título como una forma de encubrir el nombre de JAWEH (el Dios judío). Incidiendo en el purgatorio que significan los diez primeros temas con sus básicas melodías para acabar en la resurrección de esos dos últimos temas con la pedal steel guitar de por medio. A mi parecer más "ganas de..." que otra cosa.

Leyendas hay también que rodean este trabajo (como suele pasar con Dylan). La más conocida de ellas la supuesta presencia de las caras de los Beatles en la corteza del árbol que aperece en la fotografía de la portada del disco. Dicen, de hecho, que sólo en la carpeta del vinilo son perceptibles. Váyase usted a saber. No lo tengo en vinilo, pero me temo que es más parte de la leyenda que de la realidad.

Con todo un álbum grande. Para escuchar tranquilamente y para leerse sus letras. Con temas extrañamente cortos y concretos para lo que es Dylan. Eché en falta esas letanías y esos mantras a los que me tiene tan habituado. Pero no porque lo que me encontrase en su lugar restase un ápice de calidad al producto. Antes de ayer, sin ir más lejos, me tiré todo el día tarareando I'll be your baby tonight. Que se lo pregunten a mi mujer... y a la mitad del público que visitó el CosmoCaixa. Pero, quién se resiste a esta melodía?



Cosas buenas a tod@s.


sábado, 13 de octubre de 2012

En el último trago. D.E.P. Chavela Vargas

Llego tarde, pero llego. Llegó pronto, pero llegó. Me da igual que tuviera más de 90 años, debería de haber cumplido 190 y, sólo entonces, haber alcanzado la adolescencia.
Hay personas que no debes de escuchar cantar si quieres mantener a tus artistas preferidos en los escalones de calidad donde los tienes. Yo no hice caso y la escuché. Y me pasó que muchos de los temas que consideraba maravillosos no aguantaban escucharse después de una canción de la Vargas. Es como si la catedrática hubiera dado ejemplo y los chavales construyeran sus deberes por la noche.

Nos ha dejado Chavela Vargas. Por suerte no se ha llevado sus canciones, gracias al cielo o a quien toque darle las gracias. Ella, que decía que ójala se muriese en domingo para así tener que hacer el entierro en martes o miércoles, de esa forma no le fastidiaría el fin de semana a nadie. Ella, que se bebió todo el tequila de todos los bares, que amó sin temores, con amores sexuales y con otros amores que no todos alcanzamos a sentir porque no hemos tenido la necesidad de sentirlos como la sintió ella, entregada en alma en cada interpretación.


Soy de los que se enganchó con la promoción noventera de Pedro Almodóvar y Joaquín Sabina. Y ya nunca más pude desengancharme. Significa una atracción fatal maravillosa. Si la pincho sé que no tengo escapatoria, no sonará nadie diferente ya detrás. Cuando las luces bajan y te quedas solo con el equipo y el último tiro de malta. Cuando dan las dos, las tres de la madrugada. Es entonces el mejor momento. Si es posible fumando. Y dejando que te coja de la mano y te pasee por pensiones inmundas y barras retorcidas de tabernas. Entre corazones destrozados y amarguras empapadas.

Y hablar de Chavela y no mencionar siquiera a José Alfredo Jiménez sería un olvido imperdonable. El gran Jose Alfredo de las rancheras, de los corridos. Él sí, mexicano de cuna (Chavela nació en Costa Rica aunque estuviese nacionalizada y se sintiese profundamente mexicana). Autor importantísimo. Básico. Que estableció con Chavela un vínculo especial. Que generó la materia prima con la que la Vargas daba forma al sentimiento.

Un dúo inigualable con el que andar caminos diferentes de la cosa esta de la música. No se lo pierdan por nada del mundo.

Os dejo En el último trago. Como dice su letra, en el último trago nos vamos... descanse en paz.

Cosas buenas a tod@s.

domingo, 7 de octubre de 2012

Music Tartar

Hay cosas que si se cocinan más allá de lo mínimo se estropean, pierden sus jugos naturales, y se transforman en suelas de zapatos dignas de los más analfabetos paladares.
Algunas materias primas guardan en sí mismas el sabor y el cuerpo necesarios para sofocar los deseos más exigentes. Cada minuto dedicado en manipularlas peca y araña la superficie que nos brindan.

Esta canción que hoy traigo al post es un ejemplo sublime de ello.
Pocas, como ella, puede expresar de forma tan sencilla y tan directa una realidad tan abrumadoramente cruel e indecfetible. Decía Serrat "nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio". No estoy de acuerdo con él en la primera mitad. En la segunda no puedo hacer otra cosa que quitarme el sombrero.

La canción se llama Para Vivir.
Se la debemos a un mago de las palabras y las melodías que se llama Pablo Milanés. Seguramente, con Silvio, el cantautor cubano más conocido a nivel mundial. A Milanés llegué tarde y por un camino extraño, una versión de Yolanda que se extendió mucho entre la gente de mi generación y que firmaron esos malagueños insustituibles que son Danza Invisible. Luego me lo encontré en mil sitios más. Como ese detalle que sin conocerlo pasa desapercibido pero que una vez identificado se repite donde ni siquiera te lo podías esperar.

Fue a través de Aute que me fijé por vez primera en esta canción. Y, qué canción!. Qué forma de cantar a la desesperanza del desamor sin mezclar el romanticismo de por medio. Como en un neorealismo de Antonioni. Una fotografía en blanco y negro de la cruda realidad. Sin paños calientes, sin atardeceres y sin paseos otoñales solitarios alfombrados de hojas secas. Dos más dos, cuatro. El miedo y la incerteza, el choque inesquivable de dos partes que no se encuentran. El drama del problema cotidiano, el de la cocina, el de los dos lados de la cama, con las letras del coche por pagar y el ruido de descarga de cisterna como banda sonora al acostarse. El flash momentáneo que deslumbra con el "y esto era todo?" propio, o el "así son las cosas" ajeno.

The Clash anunciaba el apocalipsis nuclear con London Calling, Pablo Milanés anunciaba el apocalipsis conyugal con Para Vivir. Ambos dan miedo.

Cosas buenas a tod@s.