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domingo, 3 de febrero de 2013

Puntos de referencia

Hace unos meses traíamos a estas líneas a The Chemical Brothers. Éstos adoptaron este nombre toda vez The Dust Brothers parece ser que les "alertaron" con acabar en juicio si no cambiaban la idea de llamarse como ellos. El ejercicio de los que acabaron llamándose Chemicals no era otra cosa que reconocimiento explícito, pero a los segundos les pareció ir demasiado lejos el hecho de calcar su denominación.
Los Chemical devolvieron irónicamente el golpe con aquel primer trabajo titulado Exit Planet Dust. 

La admiración de Rowlands y Simons por E.Z. Mike y King Gizmo  estaba basada en el planteamiento que estos segundos hicieron del sampleo. La utilización de trozos de temas ya grabados para formar un collage sonoro sobre el que sobreponer, por ejemplo, fraseos como los del grupo que nos ocupa hoy: Beastie Boys. Una unión, la de los Dust y los BB plasmada en un trabajo del 89 titulado Paul's Boutique. Una galleta que pasa por ser un hito del hip hop y uno de los discos de referencia de la historia de la música popular.

Los Beastie Boys eran Adam "MCA" Yauch, Michael "Mike D" Diamond y Adam "Ad-Rock" Horovitz. Nacieron como tales en el Nueva York nueva-olero de primeros de los ochenta y, en su comienzo, mezclaron sus fraseos con el hardcore y post-punk de bandas como los Dead Kennedys o los Misfits, en antros de relumbrón y solera como el CBGB o el Max's Kansas City (los templos del underground de la gran manzana de finales de los 70).
Los BBs era blancos y de clase media. Rompieron con el arquetipo del rap del momento. Atrajeron un nuevo público hacia un nuevo estilo y desplazaron hasta ese mismo estilo la provocación del punk (enorme falo hidráulico sobre el escenario durante sus actuaciones incluido). Letras cantadas con arrogancia trufadas de referencias a la cultura basura, la droga barata, el estrato más enterrado y menos observado de la juventud del momento.
Antes de Paul's Boutique hubo un pasado. Una historia que comienza a desarrollarse en terreno del hip hop con Cookie Plus y más adelante, de la mano de Rick Rubin con Rock Hard (sampleo del Back in Black de los AC/DC incluído). Años más tarde dejan a Rubin por los Dust, Nueva York por la soleada California, se amorran a un SP-1200 y paren el trabajo que nos ocupa.

Este Paul's Boutique impresiona por mil razones. Como no se trata de hacer la autopsia del mismo, me centraré en una, la que más me ha llamado la atención, la ingente cantidad de material sampleado para su construcción. Y no sólo por el número (hasta 105 canciones sampleadas!), sino por los nombres de los sampleados: de Pink Floyd a The Beatles, de John Williams a Sly and The Family Stone, de James Brown a Ramones. Aquí hay de todo. Una amalgama impensable de repetir toda vez tuvo lugar el caso Grand Upright Music, Ltd. v. Warner Bros. Records Inc. y los derechos de autor y los royalties transformaron semejante cantidad de muestreo en algo económicamente inviable.
Pero Paul's Boutique está ahí para demostrar que una vez sí se pudo. Y se puede bucear entre sus temas y jugar a desgranar los trozitos del collage.

Me sabe mal pasar de este disco a otro con la semana que comienza. Escuchar hip hop anglosajón con mi nivel no sólo de idioma, sino de cultura underground americana, es beber vino con la nariz taponada. Me gustaría tener el tiempo de volver sobre las letras y poder comprender sus razones. Me engaño a mi mismo dejándome creer que lo haré. Mientras, saco de la estantería el que será el disco de la próxima semana, con la amarga sensación de estar disfrutando de algo a medias.
Jodido hip hop anglosajón. Vas a costarme más de lo que esperaba.

Os dejo con una suite enorme. Compuesta por varios fragmentos que en la primera edición venía del tirón aunque posteriormente (en la 20 aniversario) se presentó separada. Es algo larga pero demuestra perfectamente la unión entre los Dust Bro y los BBs. Se llama B-Boy Bouillabaisse y suena así.

Cosas buenas a tod@s.


sábado, 15 de septiembre de 2012

Golpes por minuto y antropología musical

Me meto yo sólo a veces en unos berenjenales que me convierten en mi peor enemigo. Ya me dirá el lector para qué comienzo poniéndole este título al post si no sé bien cómo voy a ligarlo con el disco del que quiero hablar.

Todo nace de la importancia que, en el tipo de música que comento hoy, tiene el ritmo. Me compré un libro genial (intuyo, ya que lo tengo aún por leer) sobre música clásica (ay la clásica, la gran olvidada de este blog de barrio) que tiene un arranque sensacional. Como si Dios hubiera antepuesto la frase a los Diez Mandamientos de su Ley, sentencia el autor: Los elementos básicos de la música son el tono y el ritmo. Y punto y aparte.
Ahora sería genial que un viejo y reconocido director de orquesta apuntillara una de esas líneas mágicas de guión clásico: hijo, si sabes eso ya tienes el noventa por ciento de la música del mundo en la mollera.

Y es que el ritmo es una de las bases del universo. El ritmo como métrica para considerar el paso del tiempo. Para aprehender los ciclos y dar unidad con la que medir las evoluciones. La primera canción debió de ser algo muy parecido a alguien modulando la voz y golpeando algo contra algo. Estoy convencido. Tono y ritmo.

Ya hablé de un tipo llamado David Mancuso, y de otro llamado Larry Levan, incluso de un tercero, un tal Franky Knuckles. Ellos formaron parte de una semilla que comenzó a priorizar el ritmo sobre el tono. Que buscó la forma de extender la experiencia musical desde el oído a la piel. Y unas cosas llevan a otras y la música electrónica emergió como una forma ilimitada de afrontar las dos variables priorizando la segunda.


Esta semana he estado escuchando un trabajo llamado Surrender de unos tipos megaconocidos: The Chemical Brothers. The Chemical Brothers son Tom Rowlands  y Ed Simons. Y no, no son hermanos. Me ha gustado el disco? Mucho. Sé que hay mucha gente a la que le sorprende que me guste la música electrónica, pero no lo puedo evitar, es así. No me gusta toda (y ahora trenzo con el título del post), pero encuentro extrañamente natural todo lo que se mueve entre 120 y 140 BPMs. Y ahora me explico.

El corazón de una mujer adulta en reposo debe de estar en torno a las 80 pulsaciones por minuto, o, si me permitís, golpes por minuto. En inglés Beats Per Minute, o, por su acrónimo BPM. Creo que es el ritmo básico que tenemos en la cabeza. El primero que sentimos en la vida y el que nos marca ya para siempre. Cuando realizamos un esfuerzo físico (bailar? tocar un instrumento con fruición y excitación?) subimos a un rango (si todo está en condiciones) de entre 120-140 BPMs. Qué casualidad!, el ritmo base de una parte considerable de la música electrónica. Y dentro de ella del subestilo que estos chavales ayudaron a generar y difundir, el big-beat.

Por encima tenemos espacio en el jungle y el drum'n'bass para ascender a las 160BPM o las 180BPM, pero, ves?, se me hace más durete el asunto. el big-beat entra solo.

Y no estuvieron solos los de Manchester, hubo una escena de gente muy conocida, desde Fat Boy Slim a The Chrystal Method, pero de ellos hablaremos otro día.

Dicen los que saben que este trabajo del 99 significó precisamente la evolución del dúo del sonido puramente big-beat a entornos más house. Desde luego cortes como Got Glint? o Hey Boy, Hey Girl lo atestiguan. Pero la herencia del señor Knuckles no es el centro del post.
Una pieza fundamental de este estilo es el uso de samplers. Ahora me pondré muy gilipollas si explico que es un sampler, pero a riesgo de la crítica lo hago. Sampler es un término inglés que viene de la palabra inglesa sample, que significa "muestra". Es decir, es una muestra de algo. De qué? Pues de algo previamente grabado. Un ejemplo: Tom y Ed llaman a su amigo Noel Gallagher y le dicen "Oye tronco, cantate algo, que te grabamos". Le graban y luego toman la grabación y se quedan con toda, o con partes, o la dividen en trozos y los reordenan. Con ellos juegan sobre una base que han hecho aparte (como el sofrito de Arguiñano) utilizando engendros electrónicos varios que otro dia comentamos. Lo suman todo, lo graban y aparece una canción. Pues eso, más o menos, ocurre en el tema Let Forever Be, que me parece la canción más inmediata del álbum y con la que cerraré hoy el post.

Algo parecido hicieron con dos grandes como Bernard Sumner (de New Order) y Bobby Gillespie (de Primal Scream) para generar el corte Out of control.
Si hablo de todos me va a salir un post muuuy largo, así que meramente los menciono. Sería un pecado no decir que aparecen por aquí.

Poco más. Sé que mucha gente que lee esto no cree en la música electrónica. Es entendible que no le guste a alguien, pero es barato etiquetarla a priori como de segunda división en cuanto a calidad o valor artístico. Otro día contaré una anécdota genial al respecto en la que se ve mezclado David Bowie y un conocido y viejo guerrero del rock sureño de los 50.

Cosas buenas a tod@s.