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domingo, 19 de octubre de 2014

Casualidad y cenas

Hace pocos días tuve que atender, por motivos laborales, a una cena organizada por una asociación de mi sector. Compartíamos mesa diferentes personas y no todos nos conocíamos. Pasamos al restaurante tras un breve encuentro en la puerta y la gente fue tomando asiento. Tardé en hacerlo y finalmente cogí la última silla del lado largo de una mesa rectangular, justo entre la pared y otro de los invitados.
La cena fue avanzando y los temas fueron pasando, bastante más amenos de lo que en principio había supuesto. Nada de asuntos profesionales, ni política, tampoco fútbol. Mi compañero de la derecha, los dos de enfrente y yo nos metimos en el barro hablando de valentía en la vida para huir de los convencionalismos impuestos. No está mal para una cena de este tipo. El caso es que, entre unas cosas y otras, esta persona acabó comentando, ligado a lo anterior, lo incomprensible que para su pareja y su entorno era que él disfrutase cada año del Sónar barcelonés. No cada año, es que había ido a todas las ediciones. Para él el Sónar era (es) una ceremonia anual tan sagrada como la celebración de la cosecha o el Año Nuevo Chino para otros (para los chinos en este último caso, claro).
Luego fueron llegando los platos y con ellos los huecos rellenados de silencio.
Hasta que no supe contenerme y le inquirí qué tipo de música o que bandas entonces estaban entre sus preferidas. Con la prudencia debida me contestó ambiguamente que él tenía unos gustos algo especiales, no muy comunes, que, lo que a él le gustaba, era el ruido. Así mismo. Cosas chocando contra cosas. Ni siquiera habían de ser instrumentos musicales. Y me miraba con una mezcla de desconfianza e ironía en la mirada, como calculando mi capacidad de reacción ante sus palabras. Entonces le mencioné a Einstürzende Neubauten y su gesto se transformó en una relajada y amplia sonrisa.

Desperté su interés y pocos segundos después era él quien me inquiría a mi por un grupo de cabecera ("es difícil lo sé, pero intenta decirme uno, que me haga una idea"). Calculé, y calculé bien. Y digo que "calculé" porque ante esta pregunta suelo ir de after-punk y, en vez de buscar lo más desconocido, me decanto por lo más obvio. Como en un postureo (todo es vanidad) de "te digo fulano porque ya estoy de vuelta de los perenganos". Pero no, esta vez apunté con la mirilla telescópica y, sin mentir, porque no hay objeto para ello, le dije "la Velvet Underground". De nuevo sonrisa de oreja a oreja.
Y de ahí fuimos saltando a Tom Waits, a Kraftwerk, las derivas de Reed y Cale... hasta que, saturado del perfume del culto, me tiré a la piscina y le declaré mi amor por Beatles, Stones, Elvis y demás músicas al alcance del más desinteresado de los mortales. Pinché en hueso. Eso no. Elvis cansino, Beatles quizás uno, dos temas, Stones prohibitivos... no creo que hubiese tenido una respuesta muy diferente de haber mencionado a Ecos del Rocío o El Nuevo Mester de Juglaría.
Mi afición a desvestir santos (aquí debería de tener la valentía literaria de responder entre paréntesis "es mayor la de desvestir vírgenes", pero no soy tan osado) me permite aceptar de buen grado que cualquiera me escupa en la cara que quizás sería capaz de salvar un tema de los Beatles, dos a lo sumo. Me vale para ello cualquier criterio. Tanto si es musical (que no era el caso) como si es social (deriva por la que creo escoraba mi compañero de mesa). No quise indagar en lo que él no regalaba, de forma que regateé la necesidad de conocer los motivos tras esas aseveraciones y lo dejé para el camino de vuelta, más allá de las doce de la noche, cuarenta minutos de autopista bajo el influjo hipnotizador de un disco icónico.
Hay que joderse. Lo que me hubiera costado contenerme a mis veinticinco. Lo fácil que me supone hacerlo ahora que ya no cumpliré los cuarenta nunca más.Ya no necesito convencer a nadie. Nunca debería haberlo necesitado, pero lo hacía. Y siempre es infinitamente más agradable hablar de ruido de cosas chocando (aunque no sean instrumentos musicales) que dedicar una enésima cena al escandalo y la indignación por la corrupción reinante en nuestra clase política. Espero no encontrarme con alguien como yo a mis veinticinco que intente convencerme de que es mi deber como ciudadano ético el entrar en ese saco de espanto y cabreo caracoleando entre improperios balanceados entre los dos partidos mayoritarios (por que es que son todos lo mismo).
El disco icónico que sonaba en mi coche de vuelta? Unkown Pleasures. Y siento discrepar al respecto de que mejor escucharlo cuando uno está bien porque sino puede inducir al ahogo. Será que no escuchan de la forma en que la escucho yo la guitarra de Bernard Sumner en ese homenaje a Burroughs que Ian Curtis encajó en su Interzone.
Cosas buenas a tod@s.


jueves, 6 de diciembre de 2012

Un día perfecto.

El blog ha cumplido un año.

Tenía un post pensado donde hablar de las impresiones que sacaba después de este tiempo. De lo escrito, de lo publicado, de lo escrito pero no publicado, de las visitas, de las entradas más y menos visitadas, de por qué no tiene el blog seguidores aún, de los países de donde se recibe más actividad... al final nada. Lo intenté anoche y lo he intentado esta mañana, pero la vida tiene circunstancias que no se escogen y esas circunstancias hacen que uno no tenga ni cinco minutos de paz para sentarse, concentrarse mínimamente, y escribir. El placer de escribir.

Ahora tengo esos cinco minutos, pero tengo también la frustración y el cabreo necesarios para no querer entrar en esos detalles que mencionaba arriba y dejar lo que tenía escrito arramblado en el pozo de los drafts.

Cuando uno se encuentra en este cruce de caminos con forma de cruz invertida que conforman la frustración y la rabia (a niveles ínfimos, burgueses, pero frustración y rabia al fin y al cabo) piensa en qué canción esconderse. Y se me abren dos caminos.
Se puede uno entregar a una descarga que acentúe la sensación, como si de un intento de sacar toda la bilis se tratara. Guitarras poderosas y voces desgarradas. Tempos acelerados y secciones rítmicas atronadoras. Puede uno bucear por el metal o por la parte con más cuero del rock urbano de batalla.
O puede uno decidirse por entregarse a los brazos del cinismo, y decantarse por una melodía pausada y melancólica. Desnuda en su ejecución. Adornada con una voz grave y tediosa, dejada de la más mínima exhibición de sentimiento. Una canción sin melancolía, una mera ejecución de desidia elevada a su máximo exponente.

Hoy, el día del post de las cifras y las felicitaciones, el día en que pinchar el Birthday del álbum blanco, se ha convertido en el día de la mirada oblicua y el gesto adusto. Como cuando toca madrugar para acudir al trabajo después de una noche de concierto. Por suerte algunos de mis días duran veinticuatro minutos. E, incluso cínico, un día puede resultar perfecto.



Cosas buenas a tod@s.



domingo, 2 de diciembre de 2012

¿La segunda banda más importante de la música popular?

Leí una vez, no recuerdo exactamente en qué libro, que The Velvet Underground había sido la banda más influyente de la historia en lo que a música popular se refiere. Para alguien acostumbrado a escuchar el nombre de The Beatles sobre la misma sentencia, la cosa no dejó de tener su impacto visual.
En otro tiempo, en otro lugar, leí que la línea pasaba de Elvis Presley a The Beatles, y de éstos a la Velvet. No había habido nadie, quizás un reconocimiento "oficioso" (como si no lo fuera toda esa clasificación) ex-aequo a Michael Jackson, que hubiera influido de forma tan decisiva en la musica hasta el punto de girar su dirección de avance.

Y tomo este punto de partida porque creo que, de los cuatro nombres mencionados arriba, el de la Velvet es el menos conocido. No tanto por no haber escuchado el nombre en sí mismo, sino por haberse acercado a su música, a su especial y particular sonido. Hoy, por eso, quería acercarme un poquito a la Velvet, y hacerlo, además, a su lado más amable.

Es tremendamente complicado sino imposible que alguien sea completamente independiente. Creo que la razón última se encuentra en la propia naturaleza de nuestro cerebro. Nos pasamos los primeros años de nuestra vida aprendiendo y asimilando todo lo que nos rodea. La información es práctica, nos ayuda a la misión primordial que tenemos, sobrevivir. Seguramente ese patrón nos marca de por vida. Impermeabilizarse a los estímulos del entorno puede ser más perjudicial para nuestra psique que el digerirlos y transformarlos en productos más o menos personales tras filtrarlos por nuestro propio tamiz. (ese que hemos fabricado, a su vez, fijándonos en los tamices de otros).

Por eso mismo había vida antes que Elvis, y antes que Lennon, y antes que Reed. Y fue la influencia de esa vida la que les permitió desarrollarse. Todos tenemos ídolos y modelos. Incluso los nuestros a su vez.

Hoy no toca hablar de Elvis ni de los "sin ritmo", de forma que diremos que la Velvet Underground tuvo un origen en el tiempo anterior a su formación. Una primera transformación del sonido en la que cabe anteponerse a los primigenios acordes garageros de grupos como The Sonics o The Seeds para acabar en la maravillosa eclosión que significaron The Stooges en Detroit (sin olvidarnos, sin salir de la Motor City, de los MC5). El objetivo era transformar el sonido. Más que transformarlo, ensuciarlo. Preguntarse por los límites de los propios instrumentos y probar de llevarlos hasta ellos. Eso es evolución. Modificar las frecuencias, alterar las afinaciones, probar y trabajar, y trabajar.

Todo esto estuvo en el ánimo de Lou Reed y John Cale, uno de esos encuentros fortuitos a los que estar eternamente agradecidos. La conexión Reed-Cale (que en seguida sumó la ejecución personalísima de Sterling Morrison) permitió un producto que, si bien no alcanzó en sus inicios la repercusión social que a día de hoy tiene (incluso con la mediación de Andy Warhol de por medio), sí abrió las orejas y el resto de los sentidos a sucesivas generaciones de músicos por venir. Decía Brian Eno que si bien del primer trabajo de la Velvet se vendieron tan solo treintamil copias, cada uno de los que se había hecho con una había formado su propia banda.

Como decía, se trata de un primer apunte, así que no ahondaré más. Vendrán más cosas de éstos en un futuro. Pero decía también que me gustaría comenzar por su cara amable. La de sonidos mucho más inmediatos. Posiblemente empezar así contradiga la apertura de boca de lo escrito arriba, pero siempre me atrajo la idea aquella que me contaba un colega dibujante: Mondrien pintaba cuadros de colores porque ya había dibujado demasiadas manos. Traducido, una cosa es sonar distorsionado porque no sabes hacerlo de otro modo, y otra diferente es sonar distorsionado porque el tocar en tono ha dejado de transmitirte nada.

Una cancioncita muy de domingo por la mañana. Como la despejada y fría estampa que tengo hoy al otro lado del vidrio de la ventana. Un pequeño himno.

Cosas buenas a tod@s.


miércoles, 18 de julio de 2012

El efecto sumidero

Contaba el protagonista del post de hoy, que su música no existiría sin Iggy Pop y Lou Reed. Como avales de una trayectoria y puntos de partida no suenan nada mal.
Se llama John Spencer y tuvo una vida anterior a la que nos ocupa en ese grupo bebedor de tendencias (punk vanguardista le llama Robert Dimery) que se llamó Pussy Galore, como el personaje de la peli de Bond.

En el 91 las cosas devinieron en un combo mil-leches como pocos, una cosa llamada John Spencer Blues Explosion, power trio formado por el susodicho, Judah Bauer y Russell Simins. Y la caja de las esencias se abrió para jugar al efecto sumidero con todo lo que se introducía en un radio audible. No digo yo que no haya blues en medio de todo esto, pero que nadie se suba a este monte a respirar el aire puro y descontaminado del delta del Mississippi (son ganas de doblar consonantes).

Me he encontrado, como mínimo, dos discos dentro de este disco. Y los dos muy interesantes.
Uno mas sucio, con una digestión más lenta para alguien con un oído más melódico que rítmico (como es el caso), pero con un acabado espectacular. Soy de los que cree que la cultura ayuda a disfrutar más y de una forma más compleja cualquier cosa, pero que, en paralelo, la calidad de un producto tiene una fuerza tal que se salta la ignorancia del beneficiario y le regala algo que le agrada más allá de que lo entienda en mayor, menor, o ninguna medida. Canciones dentro de esta parte serían Talk about the Blues o Lovin' Machine. Temas que mezclan loops y recuerdos de influencias de la gran manzana del tamaño de los Beastie Boys.

El otro disco dentro del disco es más rock'n'roll. Más guitarra. Más Verlain y Lloyd en Magical Colors, un tema enorme que me ha traido sonidos agradecidos y buscados. La radiable High Gear, festivalera y veraniega como pocas. Podían ponerse estos temas de moda, ser la canción del verano, y tenernos a todos pegados a los transistores. O no, o mejor que se queden las cosas como están.

En total, un grupo bienvenido a la reserva espiritual de mi occidente, en sus dos caras, como aquel villano que, en los comics de Batman, jugaba al azar tirando una moneda al aire para juzgar la suerte de sus enemigos. Con todas sus influencias. Dos ejemplos, uno de cada lado.

Cosas buenas a tod@s.





domingo, 19 de febrero de 2012

Comunismo, Anarquía, Nihilismo

El punto de partida se encuentra en las páginas del Ruta de este mes. En ellas Ignacio Julià apunta con su linterna aquí y allà el universo de un combo con peso propio en la música popular del siglo XX: CAN, dejando ver retazos de los miembros de la banda, fogonazos de ideas, vivencias y comentarios de sus componentes.

Y este punto de partida me da la excusa perfecta para traerlos al blog.

Me gustaría hablar de Stockhausen, del krautrock, de demasiadas cosas para hacer sencillo el post. Así que resumiré.

Años arriba o abajo es en la década de los 60 cuando una serie de compositores "serios" y académicos, miembros de la cultura oficial, esa que bebe de los conocimientos más elevados, se plantean la introducción en la composición del elemento electrónico. Éste les abre posibilidades hasta entonces ajenas a la instrumentación tradicional. No sin polémica comienzan a experimentar con técnicas de sampleo o se dedican a comprobar los límites de los sintetizadores (por llamar de alguna manera a lo que había disponible en aquel momento) y su capacidad para interactuar con los timbres conocidos.

Uno de estos músicos académicos fue Karlheinz Stockhausen. No entraremos en la obra de este afamado señor, pero sí le utilizaremos como lo que fue, un punto de referencia para muchos de los artistas alemanes que, desde la mitad de la década del amor, dieron forma y sentido a aquello que se llamó krautrock.

El término krautrock es en sí un juego de palabras. La col (kraut en alemán) forma parte de la cocina tradicional germana, especialmente como acompañamiento a carnes y tratada con sal vinagre para conseguir la fermentación que acabará en el chucrut. Pero kraut fue también una forma despectiva utilizada tras la Segunda Guerra Mundial para referirse a los alemanes. En definitiva, el propio movimiento utilizó la acepción para notar ese aire alemán diferenciador respecto de la música que iban a tomar como punto de partida. Y, ¿cuál era ese punto de partida?. Pues obviamente no buscaron fuera de este planeta. Tomaron los nuevos sonidos que, desde la gran manzana, ya se extendían por todos los oídos inquietos del globo. Los nuevos caminos abiertos por The Velvet Underground, pero también el rock progresivo de los Pink Floyd, los trabajos a la batería de John Bonham, de Keith Moon, de los Beatles más psicodélicos, las actitudes abiertas y heterodoxas de un Zappa.

Sin embargo el krautrock, que sí podría tener sentido como movimiento, no lo tuvo como género musical. Me pasa con él lo que me ocurre con el post-punk. Es un cajon de sastre donde encontrar músicas muy diferentes entre sí. Genera un marco, una cultura de regeneración de la base popular del arte dejando que este se desarrolle sin reglas fijas.

El krautrock tuvo influencias decisivas en grandes nombres de la música anglosajona. Quizás los más conocidos los personificados por David Bowie (no hace mucho comentábamos aquí uno de sus LPs de la llamada etapa berlinesa), Iggy Pop, Brian Eno o Lou Reed (que al contrario que su colega Cale, fue más influenciado que influencia).



CAN (Communism, Anarchism, Nihilism) fue uno de los grupos que conformaron el extenso abanico del krautrock. Ignacio Julià, en su comentado artículo, nos va dejando pinceladas de sus componentes, de Irmin Schmidt a los teclados, del gran Jaki Liebezeit a la batería, de Holger Czukay al bajo, de Michael Karoli a la guitarra o de Damo Suzuki (sin olvidar al breve Malcom Mooney) a la voz. Lo hace tomando como excusa la reedición de Tago Mago, un trabajo en que los alemanes alcanzaron una de las cimas de su composición. El artículo se encuentra sólo en la edición de papel (o no lo he sabido encontrar en la versión web), de forma que poco puedo hacer para enlazarlo, aparte de animaros a invertir 4,50EUR en el primer kiosko decente que encontréis (que esa es otra).

Una de las características que los propios integrantes de CAN refieren respecto a su método de composición es la paridad llevada al extremo. Para ellos cada instrumento tiene el mismo peso (voz incluida). No existe un motor que arrastra todo lo demás. Es la conjunción de todos lo que produce el sonido, la comunión en la composición y en la interpretación. Cuentan como, de sus propios ingresos gracias a sus ventas y actuaciones, destinaban parte a la propia financiación del grupo.

No es este el post de las melodías pegadizas. Es más bien el de señalar con el dedo esas otras músicas que descubrir. Y, en este caso, no hablamos de ninguna subcorriente underground. El krautrock no es mainstream, pero sí es una parte fundamental e indiscutible de la música popular. Sin gente cono CAN, pero también sin gente como NEU! o Kraftwerk, no tendríamos la música electrónica que conocemos hoy día, o al menos tal y como la conocemos.



Cosas buenas a tod@s.

martes, 31 de enero de 2012

Date una vuelta por el lado salvaje

Holly llegó de Miami Florida.
Se atravesó todo E.E.U.U a dedo.
Se depiló las cejas en el camino,
se afeitó las piernas y entonces se hizo "ella".
Dijo, eh chico!, date una vuelta por el lado salvaje
Dijo, eh chico!, date una vuelta por el lado salvaje.

Candy llegó de Island
En la parte de atrás era la querida de todos.
Pero nunca perdió la cabeza,
ni siquiera cuando la chupaba.
Dijo, eh chico!, date una vuelta por el lado salvaje
Dijo, eh chico!, date una vuelta por el lado salvaje
Y las chicas de color cantan: du,du,du,du...

El pequeño Joe nunca la regalaba.
Todo el mundo tenía que pagar y pagar.
Un polvo aquí, un polvo allá.
La ciudad de Nueva York es donde dijeron
eh chico!, date una vuelta por el lado salvaje
Y yo digo, eh Joe!, date una vuelta por el lado salvaje.

Sugar Plum Fairy llegó y salió a la calle
Buscando alimento para el alma, y un lugar donde comer.
Fue al Apollo
Deberías haberle visto bailar
Ellos decían, eh Sugar, date una vuelta por el lado salvaje
Y yo decía, eh cariño, date una vuelta por el lado salvaje.

Jackie iba colgada de anfetas
Se creyó James Dean por un día.
Luego, imagino que se la pegó
Creo que el Valium le habría ayudado a bajar
Ella dijo, eh chico, date una vuelta por el lado salvaje
Y yo dije, hey cariño, date una vuelta por el lado salvaje
Y las chicas de color cantaban: du du du du...




Transformer es uno de lo álbumes que, si existen discos en el cielo, Dios tiene metido en una funda de plástico y le pasa con cuidado una balleta húmeda antes de clavarle la aguja.
Cómo decir a estas alturas que los personajes que aparecen aquí son todos reales y corresponden a travestis de la onda de Andy Warhol.
De hecho todas las historias, detalle a detalle, que se resumen en la canción son verídicas. La misma Holly Woodlawn, protagonista de la primera estrofa, le contaba a Dave Simpson en The Guardian el trasfondo de la letra de Lou Reed.

Una línea de bajo espectacular por la que Herbie Flowers cobró tan solo 17 libras, un solo final de saxo de un vecino de la infancia de Bowie, Ronnie Ross, que realizó la grabación sin saber, hasta el final, que había sido el pequeño David al que daba clases de jovencito el que le había implicado en todo. Pero, por encima, una producción única de Mick Ronson y David Bowie.

Una canción de la que merece la pena saber qué nos cuenta.

Holly came from Miami FLA
Hitch-hiked her way across the USA.
Plucked her eyebrows on the way
Shaved her leg and then he was a she
She said, hey babe, take a walk on the wild side,
Said, hey honey, take a walk on the wild side.

Candy came from out on the island,
In the backroom she was everybody's darling,
But she never lost her head
Even when she was given head
She said, hey baby, take a walk on the wild side
She said, hey babe, take a walk on the wild side
And the coloured girls go, doo doo doo, doo ...

Little Joe never once gave it away
Everybody had to pay and pay
A hustle here and a hustle there
New York city is the place where they said:
Hey babe, take a walk on the wild side
I Said hey Joe, take a walk on the wild side

Sugar Plum Fairy came and hit the streets
Lookin' for soul food and a place to eat
Went to the Apollo
You should have seen him go go go
They said, hey Sugar, take a walk on the wild side
I said, hey honey, take a walk on the wild side

Jackie is just speeding away
Thought she was James Dean for a day
Then I guess she had to crash
Valium would have helped that dash
She said, hey babe, take a walk on the wild side
I said, hey honey, take a walk on the wild side
And the coloured girls say doo doo doo, doo ...

Ah!, por si alguien se queda con hambre de conocer más cosas sobre Transformer, una pequeña reseña de Music is my savior aquí.
Cosas buenas a tod@s.