El domingo pasado salí a correr y, como de costumbre, llevaba los auriculares puestos. Estuve escuchando temas de ese bluesman inigualable que fue Son House y de repente se me vino a la cabeza un blues muy apropiado para la fecha de hoy, un tema que se atribuye a uno de los bluesman primigenios, el tejano Blind Lemon Jefferson. El caso es que no tuve claro durante mucho tiempo su título. Dudaba entre See that my grave kept clean o One kind favor. Más tarde fui leyendo que el primero es el título original que Jefferson aplicó y el segundo es el nombre que dieron a versiones sobre el mismo gente como Canned Heat (en su Living the blues) o Grateful Dead (en su Birth of the dead). Incluso en el caso de los Dead se atribuye la canción a otro grande del blues, alguien fuertemente influenciado por Jefferson llamado Lightnin' Hopkins. No lo acabo de ver claro, pero todo apunta a que fue efectivament Hopkins el autor de One kind favor si bien directamente influenciado (versionando?) See that my grave kept clean de Jefferson.
Me temo que me ha salido un párrafo con demasiados nombres. No me gusta que las cosas salgan así, pierden inmediatez, pero escuchar esos nombres de vez en cuando, lejos de significar un incordio, creo que puede ser una forma de tomar carreteras que nos lleven a otros sitios. Si estas leyendo esto es porque tienes una conexión a internet, y siendo así, tienes multitud de destinos donde encontrar músicas y datos de cualquiera de los arriba citados.
Pero volvamos a mi canción de hoy.
No he sido de la tradición de ir al cementerio los primeros de noviembre a limpiar las tumbas. Ni yo ni, obviamente, mi familia más cercana. La razón, lejos de ser el resultado de un juicio moral, se deducía directamente de la falta de parientes muertos enterrados en el cementerio de la localidad donde yo vivía. Incluso hoy los que han ido cayendo por el camino reposan sus restos lejos de allí. Sin embargo el rememorar a los muertos sobre el lugar donde les dejamos por última vez es algo extendido no sólo dentro de la religión católica. Y Jefferson, dentro de su cultura baptista (muy extendida entre la comunidad negra estadounidense), no era una excepción.
Digamos, por tanto, que me pareció una buena canción para compartir hoy sobre otras opciones que me rondaban por la cabeza (entre las que no faltaban The Cramps o Black Sabbath). Pero con un poco de suerte vendrán más primeros de Noviembre y podremos ir mencionando más canciones.
No existe, que yo sepa, una versión grabada del propio Jefferson sobre el tema. Así las cosas tenía que venir a una versión, y estuve dudando entre Dylan y BB King a tal efecto. Al final me he decantado por el viejo bluesman, hay cosas peores que una tal Lucille nos entone el día.
Hace poco se cumplían 50 años del primer concierto que The Rolling Stones dieron en la mítica Marquee en Londres. La primera vez. Otro momento para el que llegué tarde.
Se ha estado escribiendo mucho en la blogosfera acerca de este hecho. Un simple paseo por revistas del ramo deja suficiente información como para convertirse en un experto, incluso la prensa general se hizo eco.
Por eso no entraré en comentar el tema una vez más, sería repetir y lo mucho cansa. Sin embargo encontré en la web oficial the Sus Majestades Satánicas el set list de aquella noche que tantos nos perdimos. Una selección de temas de blues y r'n'r de caerse de culo al suelo. La primera impresión (y la llevaré a cabo) es dedicarle una gramola un viernes de estos. Pasar tema a tema e irlos ingiriendo todos como si fuesen fondos de bourbon reposado.
Dieciséis dulces (que diría el abuelo) escalones al paraiso. Todo vuestros.
The Set List
Kansas City – Wilbert Harrison
Honey What’s Wrong – Billy Fury
Confessin’ The Blues – Chuck Berry
Bright Lights, Big City – Jimmy Reed
Dust My Blues – Elmore James
Down The Road Apiece – Chuck Berry
I Want To Love You – Charles Smith
I’m A Hoochie Coochie Man – Muddy Waters
Ride ‘Em On Down – Robert Johnson
Back In The USA – Chuck Berry
I Feel A Kind Of Lonesome – Jimmy Reed
Blues Before Sunrise – Elmore James
Big Boss Man – Jimmy Reed
Don’t Stay Out All Night – Billy Boy Arnold
Tell Me That You Love Me – Fats Domino
Happy Home – Elmore James
Si uno se pone a leer entrevistas de gente perteneciente a la British Invasion de mitad de los 60 o de cualquier grupo contemporáneo de eso que llaman americana, verá que aparece a menudo un nombre como referencia fundamental, fuente de sabiduría y origen de las especies: Willie Dixon.
No es por tanto raro preguntarse quién fue este sujeto que tanto obnubila a propios y extraños y sin quien, parece, hay todo un estilo de música popular que no sería lo que es a día de hoy.
Yo no lo tuve muy claro, vaya por delante, hasta encontrármelo de bruces en un libro que ando leyendo sobre Blues (Blues, la música del Delta del Missisipi, Ted Gioia, Turner Noema, 2010). El caso es que el libro no está centrado en su figura. Ni siquiera el capítulo en donde me lo encontré hacía referencia alguna a él, sino a un coetáneo que otro día traeremos más en detalle al blog, el señor Muddy Waters.
No podría ponerme en situación si no comento en una línea una diferenciación del blues: el Chicago Blues o Blues de Chicago. Por reducción a la mínima esencia podemos decir que el Blues de Chicago viene a ser una especie de "modernización" del Blues tradicional que se había estado haciendo desde primeros del siglo XX en la zona del delta del Missisippi (a excepción, puede ser, de lo hecho en Texas por Blind Lemmon Jefferson). Esta modernización consite básicamente en una mejora de la instrumentalización de los temas, es decir, en tocar lo mismo pero con más instrumentos. Añadir secciones rítmicas más complejas (baterías, bajos), incorporar acompañamientos a la voz (armónicas), sofisticar las melodías (tocar el blues a dos guitarras). Pero no sólo a nivel musical, también a nivel lírico las canciones comienzan a tocar temas más urbanos, desaparecen lugares comunes del Delta Blues como la granja-prisión y se comienzan a introducir motivos como automóviles, sin ir más lejos.
Toda esta revolución viene ligada al movimiento migratorio de la comunidad negra del sur hacia las oportunidades de trabajo de las ciudades del norte. Se llevaron consigo la maleta (cuando la había) y el talento.
Uno de los máximos representantes de esta nueva vertiente de blues fue, ya apareció arriba, Muddy Waters. Uno de los puntos diferenciadores que Waters imprimió al blues fue la formación de un conjunto estable. Una superbanda que quizás otro día trataremos y de la que cabría mencionar sin lugar a dudas al menos a dos o tres de sus componentes. El caso es que uno de los colaboradores del combo de Waters fue el señor Willie Dixon.
Y, qué hacía Dixon con Waters?. A nivel instrumental tocar el bajo. A nivel artístico darle forma a algunas de las mejores canciones que siguieron a los años posteriores al término de la Segunda Guerra Mundial. Dixon contribuyó de forma decidida a ese cambio de concepto en la forma de tocar el blues del sur y convertirlo en algo muy similar al concepto actual de grupo. Como decía, la mayoría de grupos ingleses que constituyeron la British Invasion (léase Rolling Stones, Who, Led Zeppelin, Eric Clapton,...) bebieron de sus enseñanzas para conformar el concepto en que devino el rock de finales de los 60 y comienzos de los 70.
Dixon, tipo corpulento que llegó a ganarse la vida como boxeador profesional antes de centrarse en lo musical de la mano de los hermanos Chess (otros que tenemos que traer al blog para conocerlos más de cerca), nos dejó temas espectaculares no sólo con Waters sino con figuras del blues indiscutibles, como el amigo Howlin' Wolf. Por hacer un rápido playlist de ellos, cabría mencionar "I'm your Hoochee Coochee man", "I just want to make love to you", "I'm ready", "Little red rooster", "Wang dang doodle", "Evil", "Back door man", "I can't quit you baby", "My babe" o "Mellow down easy".
Las evoluciones no se producen de la noche a la mañana. Son frutos de procesos lentos donde intervienen multitud de factores. Un grano de arena que contribuyó a que nos hayan llegado después los sonidos rock que tan fácilmente identificamos lo puso este hombre llamado Willie Dixon. Un grano de arena del tamaño de la cabeza del presidente Lincoln en el monte Rushmore.
Remontar las aguas del blues para llegar a sus fuentes no es tarea sencilla.
Hasta donde queda recogido por escritos, declaraciones, grabaciones y el relato directo de sus protagonistas es más fácil llegar.
Estas herramientas suelen acercar al curioso al sur de los Estados Unidos en la década de los años 20, justo antes de la depresión.
Aún en los primeros años del siglo XX el sur de los Estados Unidos arrastraba la tradición "dixie" de la plantación y el amo, de las cuadrillas de trabajadores negros viviendo dentro de los terrenos, con sus propias iglesias (baptistas, evangelistas,...), escuelas y en ocasiones incluso su propio médico. No nos engañemos, sólo diez centímetros por encima del podrido nivel de la esclavitud.
Una de estas plantaciones respondía al nombre de Dockery. Y hasta la plantació Dockery remontan muchos de esos ríos contra los que uno puede nadar para subir a los orígenes del blues.
Mr Speir tenía una tienda de discos. Pero Mr Speir tenía algo más que vinilos metidos en cajas y muebles medio roidos por la carcoma. Le gustaba el dinero sobre todas las cosas. De esta manera logró encontrar una salida a su ambición dando respuesta a los requerimientos de las compañías discográficas de la época, ávidas de nuevos talentos dentro de la música. Mr Speir viajaba de pueblo en pueblo y de plantación en plantación escuchando a cada chaval, a cada abuelo capaz de agarrar una guitarra. Les escuchaba en sus casas, en los andenes de las estaciones de tren esperando al ferrocarril, los escuchaba al pie de las plantaciones y en las esquinas de las grandes ciudades mendigando unos centavos. Les pedía referencias, vivencias, conocidos, e iba apuntando, calculando, recogiendo. Todo junto le llevó a la vieja plantación Dockery, el norte del estado de Missisipi, a encontrarse con el auténtico protagonista de nuestro post.
Charlie (o Charley) Patton no era un negro corriente.
De hecho sus rasgos recordaban una mezcolanza extraña, casi caucásica, que lo diferenciaba del resto de trabajadores de la plantación. Con sangre Cherokee en sus venas y una paternidad no contrastada del todo, el pequeño (no levantaba más de metro sesenta y siete del suelo) y enclenque Charlie guardaba en su interior un caudal de voz inusitado y sorprendente. Se dice de él que podía perfectamente llegar sin amplificación a un auditorio al menos a lo largo de los primeros 450 metros.
Pero el bueno de Charlie (que era como el mísmo deletreaba su nombre, cosa que, por otro lado, era lo único que sabía deletrear) tenía mucho más que un chorro espeluznante de voz. Tenía caracter. En contra del perfil que cabría esperar de un trabajador oprimido de color en una plantación del sur de los Estados Unidos a primeros del siglo XX, Charlie Patton era arrogante, chulesco, dirírmos ahora "creído". Caminaba con un deje particular, miraba sin rasgo alguno de sumisión en sus ojos. Aquel pequeño mulato demostraba arrojo y decisión en cada gesto y en cada palabra que decía. Y, por supuesto, tenía a su guitarra.
Años antes de que Chuck Berry o Jimmy Hendrix asombraran al mundo con sus juegos de malabares con sus instrumentos, Charlie Patton había asombrado ya a propios y extraños tocando su Stella tras su cabeza, o a la altura de sus rodillas, volteándola a la altura del pecho para seguir con la melodía acto seguido, utilizando su caja como percusión. Si las manos podían tomar la postura, el podía tocar la guitarra en ella. Charlie Patton era algo más que un negro que cantaba, era el showman según el concepto que muchos pusieron luego en voga.
Para mi, Charlie Patton forma, junto a Son House y Robert Johnson, el triángulo seminal del Delta Blues. No fueron los únicos, pero sí los que por concurrencia de tiempo y aporte, más ayudaron a formar los estándares con los que se dió a conocer. Evolucionando el sonido del blues primigenio, y sobreponiéndose a los temas sarcásticos de los minstrels o a la ola de "blues clásico" que W.C. Handy exportó a Nueva York.
Si no le conocíais hasta ahora, este es un momento tan bueno como cualquier otro para hacerlo. La voz potente e induscutible de uno de los padres del blues. Con ustedes: Charlie Patton.
Cosas buenas a tod@s.
Me despierto por mi mismo (hay etapas de la vida donde eso, en sí mismo, es todo un lujo) unos minutos antes de las siete. Camino a la cocina, enciendo la radio, caliento una taza de café con leche y saco de la nevera una caja de palmeras de chocolate que compré ayer antes de subir a casa. En una conocida emisora una serie de locutores comentan el tiempo que tenemos en diferentes puntos de España y, acto seguido, suena esta conocida maravilla:
... para informar a continuación del fallecimiento de una señora que se llamaba Etta James.
No pudo con ella ni su addicción a la heroina, fue una leucemia la que, a punto de cumplir 74 años, nos la robó.
Hace solo unos días (el 9 de enero), el autobús mágico, como en un premonitorio acto de memoria pública, sacaba la segunda parte de su particular versión de la carrera de la californiana. No sólo es recomendable, es cultura musical por los cuatro costados.
Os dejo los enlaces a las dos partes aquí: Etta James: "Who's blues" - part1 Etta James: "Who's blues" - part2
Teniendo los dos artículos tan a mano de poco vale que los resuma aquí, no cometeré la imprudencia. Como propina, unas palabras del gran Fernando Navarro aquí.
Lo que sí dejaré al pie de las líneas es una playlist de una de las grandes damas de la música popular.
Leo en el Ruta de Enero del fallecimiento de este gran guitarrista de blues.
Hace unas semanas mencionaba un par de artículos muy interesantes que el autobús mágico publicaba acerca de la figura de Howlin' Wolf. Sumlin fue su gran guitarra.
Otra muesca en la navaja del blues, donde, por otro lado, los artistas suelen ser más longevos que en otras vertientes (léase rock).
Lo dicho, que descanse en paz allá donde sea que uno vaya después de muerto (si es que se va a algún sitio). Hoy iba a dedicar el día de reyes a los tres reyes del blues, pero esto lo podemos dejar para un post más adelante.
Un poco del gran Sumlin como regalo.
Internet es una pasada.
Cuando pienso en cómo se encontraba la información antes, en los mecanismos que se utilizaban para acceder a ella y documentarse (hemerotecas, bibliotecas, revistas especializadas, entrevistas personales,...) y en cómo se puede acceder hoy a prácticamente todo (si no tienes ni idea de informática, como es el caso) o a todo (si has estudiado lo suficiente y tienes cierta afición a ello) me quedo con cara de vaca mirando el tren.
Es como cambiar al zapatero en su taller con la aguja gorda y el cuero colgado de la pared por una línea de fabricación en serie. Sí, otro día comentamos y discutimos el romanticismo del zapatero y sus gafas de ver de cerca a punto de caerse del extremo de su nariz, pero antes unos zapatos, "los zapatos", se remendaban y se alargaban hasta el infinito. Hoy tenemos de diferentes tipos para diferentes fines, en ocasiones de diferentes tipos para el mismo fin inclusive. Como todo, seguramente acarrea consecuencias negativas, pero no caeré (no al menos esta mañana) en el maniqueísmo de "que bien estábamos antes y cómo se ha perdido todo ahora". Más vale ser guapo, rico y sano, que feo pobre y enfermizo. Tener tres pares de zapatos es mejor que tener un par de zapatos.
Esto, llevado a internet, es lo que hace que esté yo aquí, café con leche en mano, haciendo el tonto de página en página y ZAS! me tope con un reportaje cinco estrellas acerca del genio del blues de Mississipi. Algo que hace veinte años sólo hubiera occurido si hubiera cogido la Alsina Graells y me hubiera puesto en Madrid a rebuscar en librerías o archivos varios.
Me lo encuentro en un blog de los propios de cabecera llamado Autobús Mágico.
No soy muy partidario de fusilar aquí el texto de otros blogs, ni citándolos. Quizás una parte que me haya gustado especialmente, un punto concreto, pero creo que quien lo escribe se merece el respeto de leerle tal y como ha querido que la información esté presentada.
Por eso os dejo los dos enlaces para llegar a esta joyita.
Aquí encontraréis la primera parte.
Y aquí encontraréis la segunda parte
Creo realmente que merece la pena. La vida de los músicos afroamericanos en norteamérica durante el siglo XX, yo diría que hasta finales de los 70, es una novela. Desde los primeros bluesman y sus mil peripecias para tocar y sobrevivir a la vez hasta los movimientos raciales y la movida blaxploitation. No ya desde un punto de vista musical (aunque es evidente la repercusión en sus letras y su forma de interpretarlas de sus vivencias), sino meramente desde un punto de vista sociológico y humano.
Pero, a donde vamos, un breve pero intenso hilo músical para quien quiera acompañar la lectura, o simplemente para quien no quiera escuchar la pelea de los vecinos, que no cenaron anoche los crispis y se están mentando las madres al coger el ascensor.
Cosas buenas a tod@s. Howlin� Wolf - Killing Floor